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jueves, 19 de septiembre de 2013

Presentación del libro "Deguaû de-gua'u. El ángel de la muerte" de Jorge Canese


por Damián Cabrera



Qué fecha es hoy. Hablamos de un libro, que se nos presenta, que en la fecha es un otro libro, y la fecha de hoy es un libro anterior, al mismo tiempo. Qué fecha.
            Yo saludo a Jorge Canese, el contemporáneo. Le saludo como un motor de dos tiempos: admisión, compresión, explosión y escape.

Para llegar a este libro de Canese, antes tuvimos que cruzarnos. Él tuvo que irse a Minga Guazú, a dar clases en la Carrera de Medicina de la Universidad Nacional del Este; uno de sus alumnos me habló de él y me regaló un libro suyo. Hace un año, coincidimos en otra ciudad, en otra fecha. Ahora reincidimos, en Asunción.
           
Este año los textos de Canese comenzaron a ocuparme. Hay algo en sus libros que parece que se me quiere mostrar pero nunca logro ver, y eso me inquieta mucho. Me hace incomodar sus poemas, y me hace molestarle al propio Canese; ahora inclusive, mientras trato de decir algo sobre este libro, porque parece que cuanto más me acerco, más me perturba, pero cómo tomar distancia.
Entonces, como no me queda remedio, traduzco los textos de Canese. No puedo conocer eso que no se me dice sino mediante una traducción. Y mi clave es siempre el polvo. Leo a Jorge Canese como leo el polvo de Minga Guazú: una humareda roja y turbulenta. El polvo incomoda, nubla la vista, sofoca, ensucia, tapona, corroe, mancha, seca, oscurece, paraliza. Las contaminaciones, los cruces, las coexistencias que habilita la voz kanesiana me remiten de alguna manera al espacio físico del Alto Paraná, atravesado por voces diferentes y por territorios superpuestos, en su frontera larga.
Y ahora Canese nos habla de gua’u. Esta palabra, cuya raíz es la raíz de tantas voces en guaraní, incluyendo la propia palabra guaraní.
Canese tartamudea, nombra por todos los costados posibles, hace del artificio su juego. De gua’u es acuerdo, es una mentira convenida; una que sostiene la convivencia; el enmascaramiento que oculta los aspectos intolerables del otro ante nosotros mismos, o que, por un instante, carnavalesco, muestra todo lo intolerable y lo que no está permitido, como un juego, uno muy en serio.
En de Gua’u Canese hiende con insistencia. Si quieren, pueden imaginarle con el bisturí, cavando sobre las palabras. Abre tajitos en los pliegues de las palabras, deforma su piel. Ya no se sabe si la parte rosada es el verso o el reverso. Y es que Canese nombra por partida doble: Las palabras se suceden, a veces sinónimas, a veces homófonas, para tratar de darle nombre a algo. Canese apela a una ineficacia del verbo. Una palabra no basta para nombrar una zona, una acción. Entonces lo que se me aparece en los textos no es la celebración de un sinsentido, ni el sentido otro. Cuando Canese nombra, renombra, repite la imagen con palabras distintas, mantiene las raíces y altera las desinencias, lo que hace es cavar con el bisturí, amputar el sentido unívoco, provocar una fisura en la certeza. El sentido unívoco y la polisemia se desmoronan.
De gua’u es subvertir la verdad, no es un mero japu, un mentir típico. Hay alguien que habla y hace oscilar lo que está a la vista. Ijapu pero añetete la he’íva: no está puesto ante la vista algo falso. En Asunción hay una casa conocida por todos, pero cuando se apagan las luces es una casa extraña.
Este libro es un error consciente, está escrito con omisiones, a propósito; no es un libro que engaña, pero juega a engañar. Y cómo nos gusta a algunos.
            Yo no me aguanto, y le pregunto a Jorge Canese qué fecha es. Él me dice que hay una fecha de rupturas personales, de procesos personales, que le empujaron a un lugar más cómodo, aunque eso fuera falso, aunque fuera poco, era lo que se correspondía con el emergente ser kanesiano.

Y ahí tenés, aunque sea de gua’u, tu fecha, tu punto de inflexión, la instancia que detonó lo que leíste después y que te ha estado desorientando.
Este libro es un libro crítico, porque da cuenta de una fecha crítica, un momento de fracturas y escisiones. Y el Canese que conocés apunta a eso, a la fractura, a la des-subjetivación, al desafío de la identidad clausurada del sujeto, empuja, estrecha, aprieta, constriñe, las formas clausurantes de nuestra ficción.

            En De Gua’u hay claves de interpretación. Este libro de los 80, que ahora es otro aunque sea el mismo, inscribe las primeras faltas, los primeros abusos de Canese, lo primero idecidible.
           
Es ingenuo preguntarte qué quiere decir Canese. Todo lo que él dice de pronto se vuelve esquivo. Ahora, después de preguntarte qué es lo que quiere decir el juego, ves que quizás el juego quiera decir-se, y se dice.
           
Sin embargo, lo que queda no es una forma vacía, la palabra no se queda sola, pero se ha capturado el instante en el que la palabra tiembla de frío, está a punto de dejar de vibrar.  Digamos que Canese escribiera como si se tratara de una anécdota, de una crónica. A veces la anécdota se refiere a la propia escritura, la cróncia se dilata, se diluye en el recuento de los titubeos y tartamudeos, las indecisiones del escribidor, la vacilación disléxica. La voz se quiebra, porque la palabra lúbrica penetra un cuerpo donde no caben tantas palabras, ajasuru, y el cuerpo gime.
            El cuerpo se recupera, y Canese también. Salva la distancia que provocó gua’u con su voz de ventrílocuo que suena fuera de los cuerpos y que se mete en los cuerpos ajenos, como un eco, y se evoca, se nombra, se convoca. El kanesismo es la apuesta a un nombre, pero también es la expropiación de un nombre, la destrucción del nombre y la reducción a su cifra mínima: la letra k.
            En esta nueva edición, un texto que había sido pensado en vertical se presenta de forma horizontal. Horizontal es la posición del sueño y horizontal también la muerte. El polvo se mueve horizontalmente, y los paredones de polvo viajan por doquier; a veces se posan, sólo por un tiempo, hasta que el viento vuelva a desalojarlos. De arriba abajo, movés la cabeza para asentir, porque es verdad. Porque es de gua’u, ahora leés negando, no sea que el ángel de la muerte piense que el cuento es cierto. Nuestro rito de prevención de engaños.




31 de agosto de 2013
Libroferia de Asunción, Paraguay

miércoles, 8 de mayo de 2013

xsms 5/A



Está del revés. El asiento y estira pero nunca antes. Otra vez el horizonte. Es blando y mojado en el olor. Buscá en la heladera. El pedazo de jamón tiene. Hace un mes y medio, por primera y última vez. Peluzas blancas y peluzas verdes. Quiero ser violento. Ayer.










sábado, 16 de junio de 2012

Sobre el caso Curuguaty y los medios de comunicación



Es la hora encendida, los sentires también se incendian y en medio de la consternación cuesta ver con claridad; nos cuesta prestar atención a los acontecimientos en su detalle, aturdidos por los hechos de violencia, y cuesta mucho más aún esbozar una reflexión, con la indignación agitada por los medios de comunicación, cuando éstos, quizás adrede, reducen el acontecimiento a un hecho de violencia más en la escena de tensiones crecientes. Y es que la mayoría de los medios locales imitan burdamente cierto periodismo –común, por ejemplo, en Argentina- al que le da por detenerse superficialmente en el hecho, juzgando desde los valores de un grupo particular de poder al que representa el medio, sin tomarse el trabajo de hurgar en los fondos, o ignorándolos deliberadamente.
Un espacio abierto a múltiples subjetividades, grupos sociales, naciones –una escena con mapas y territorialidades superpuestas-, como es el caso de los departamentos paraguayos fronterizos con el Brasil, es susceptible de tensiones, porque, en sus intentos por consolidarse en la escena, los anhelos chocan unos con otros, y cuando no es posible encontrar la coincidencia, la tolerancia aparece comprometida. Pero basta mirar la historia, inclusive la más reciente, para comprender que las coexistencias no tienen por qué ser armónicas, no es una regla: Lo diferente existe hostilmente, sobreviviendo su espacio según sus potencias.
En el origen era el “infierno verde”. El bosque atlántico que se consideraba inagotable, fue escenario de explotaciones en los obrajes y yerbales, bajo el yugo de la Industrial Paraguaya, la Matte-Laranjeira, con un sistema esclavista apoyado por el Estado paraguayo; las tierras en cuestión fueron luego heredadas, de manera arbitraria, por personas y empresas cercanas al dictador Alfredo Stroesner, como beneficiarios ilegítimos de una “reforma agraria” que quizás se pueda pensar como los primeros fuegos de los conflictos en Curuguaty, y en otros distritos, que estallaron de manera convulsiva estos días. Pero hay que subrayar que los conflictos por la tenencia de la tierra en la frontera –y en todo el Paraguay- no son recientes, datan de por lo menos cien años.
Silvia Rivera Cusicanqui sugiere que a veces lo acallado puede estallar de modo “catártico e irracional”. ¿Se puede justificar la violencia? Los medios de comunicación hablan de una ola de violencia, pero, ¿violencia contra quiénes? ¿No era de esperar que luego de cien años, en cualquier momento, la indignación estallara de modo “catártico e irracional” en cualquier momento? Esto si pensamos que los campesinos paraguayos –los campesinos pobres- son un sector excluido de la población.
Los medios de comunicación aún tienen el descaro de desautorizar la identidad de la gente. Oscar Acosta, Carlos Báez, Sanie López Garelli, Yolanda Park –por citar algunos de los conductores de telenoticieros más vistos en el país- dicen “supuestos campesinos”, “autodenominados campesinos”; aunque ellos lo repitan ingenuamente, hay que entender que es una estrategia de desacreditación programática. Yo me animo a nombrar del otro lado, del lado de la soja, al “autodenominado sector productivo del Paraguay”, a los “supuestos productores”.
El monocultivo extensivo de la soja, que ya no tenía espacio en el Brasil, se abrió camino por Canindeyú, y a lo largo de toda la frontera. Durante el gobierno de Stroesner se crearon las principales condiciones para este ingreso: La eliminación de la Ley de frontera, la construcción del puente de la Amistad, la construcción de la Ruta Internacional Nº 7, e Itaipú.
Bartomeu Melià hace una etimología de la palabra “colonia”, y la vincula con palabras como cultivo, culto y cultura, “derivadas del verbo colo, que significa “yo trabajo o yo trabajo el campo””. Literalmente, pero también como metáfora de un modo de estar en el mundo, el habitante que trabaja una tierra pasaría a buscar más tierra para cultivarla, es decir, para colonizarla. Melià advierte que la historia ha demostrado que la acción colonizadora ha supuesto la dominación económica y política, y la negación de las otras culturas; explotación, dominación y negación por la pretensión de universalidad de las culturas colonizadoras. El discurso del colono en el Alto Paraná (de cualquier nacionalidad, incluso de los colonos paraguayos) se escuda en la supuesta infalibilidad moral de su deseo de trabajar (“que nos dejen trabajar tranquilos”); los grupos subalternos con los que disputa territorio –campesinos sin tierra, carperos, paraguayos, indígenas- carecerían de ese deseo de trabajar y serían representados, estigmatizados casi, como “haraganes”. Tanto el valor que se le asigna al trabajo, así como los modos de trabajar, de producir, de colonos, paraguayos e indígenas son distintos: esta sería la principal estrategia de desacreditación de sus enemigos. Pero “el verdadero colonizador piensa que él es la cultura, y el camino que él recorrió lo tendrán que recorrer los otros más tarde o más temprano”.
A los haceres se les asignan valores distintos, no sólo desde el punto de vista de la economía de la producción sino desde el punto de vista del sentido; el valor que se le asigna al trabajo tiene que ver con cosmovisiones distintas.
¿Cómo puede la tierra no ser suficiente para modos de hacer “poco productivos” en manos de poca gente y a su vez ser insuficiente para prácticas “altamente productivas” en manos, también, de poca gente? ¿Debe ser la “alta capacidad productividad” el único criterio para tener derecho a ser en la tierra?
            En apariencia, para el autodenominado “sector productivo del Paraguay” el bosque retrasa el progreso. Ésta es una representación stronista que ha sido eternizada por el discurso del sector, y el de los medios de comunicación con mayor presencia en el país –algunos de cuyos propietarios están bajo fuertes sospechas de haber sido beneficiarios ilegítimos de la seudo-reforma agraria stronista-.
Hoy se señala los supuestos peligros del bosque como escondrijo de “grupos ideologizados y subversivos”, puestos en clave de insólito, cuando en realidad, en el Paraguay siempre han existido guerrillas, y el territorio fronterizo tiene una historia de más de cien años de disputas territoriales entre campesinos, indígenas y terratenientes de procedencia diversa. Evidentemente, estos procesos son ignorados de forma deliberada. Aquí, la palabra “ideología” tiene un sentido peyorativo, casi auráticamente peligroso.
Las disputas territoriales no se reducen a la disputa por la tierra, estos conflictos también se tratan de una lucha por los sistemas de producción. Y puede parecer irrelevante, pero el sentido que construyen los medios de comunicación y el valor que se le asigna a cierto modo de estar y hacer invisibiliza la diferencia. Los campesinos paraguayos fueron vaciados de su ser agricultor, y ahora no sólo necesitan tierra, sino deben tener derecho a acceder a sistemas de producción, o quizás recuperar sistemas que les sirvan.
En los límites que dibuja la soja transgénica de Monsanto, acopiada por Cargil y ADM, hay que hacer memoria, y por lo menos nos queda la capacidad de indignarnos cuando vemos los conflictos de larga data traducidos a evento para el entretenimiento de los espectadores sobreestimulados por el morbo. He aquí que los medios de comunicación nos subestiman, y hablan de una supuesta ola de violencia en la frontera, que nunca llega, y que nos asfixia en la espera: Los megafónicos mapas del progreso que son la piel o la camisa de fuerza que habitamos.
¿Podemos gritar más fuerte que los medios de comunicación y la ingenuidad de quienes ignoran los cien años de subordinación de los campesinos paraguayos y que solicitan, como reverbero de los medios, la renuncia de Fernando Lugo, como si eso fuese a solucionar la cuestión?
            Neutralizar, azuzar y vilipendiar, estigmatizar, neutralizar e invisibilizar. ¿Para qué? ¿Para instalar en el centro de la escena los modos de ser y producir legítimos?: Cultivar la soja es la acción de irrumpir y producir desplazamientos.
            ¿Cómo no sentir lástima por quienes han fallecido, tanto campesinos como policías? Pero no hay que quedarse en la anécdota. Me pregunto: ¿Qué hacer cuando no se  puede recuperar de manera legal tierras adquiridas de manera ilegítima? Los paraguayos se han sorprendido a sí mismos al manifestarse en el “after office revolucionario”, porque son víctimas de los medios que insisten en representarlos como políticamente apáticos; pero los campesinos e indígenas han hecho caso omiso de esta representación clausurante, y siempre han insistido en ser reconocidos como ciudadanos, manifestándose y reclamando visibilidad.
            Claro que estamos dolidos. Pero aunque la violencia me cause repulsión, no puedo evitar con-miserarme, ponerme del lado de la miseria de aquél que ha sido burlado por tanto tiempo y que de pronto se hartó, y ponerme del lado de la tristeza de quienes han perdido a un ser querido que simplemente funcionaba para el Estado, y para otros poderes que él mismo ignoraba.
El cielo es negro-carpa, y dormimos en la intemperie.


Damián Cabrera
16 de junio de 2012

domingo, 13 de noviembre de 2011

xsms 4/A. Buzo gris




Acá no te voy a poder. En el baño y en el lugar donde se orina, no muy. Que se diga retraída. Al contrario su buzo gris. Hay lluvia, y ayuda a mojarte. Los peces vivos se agarran con la mano. Fíjese usted, cómo se deslizan. Mira hacia la lluvia y se baja un poco, nadie, no, te voy a poder. ¡Me engana que eu gosto! Dar acá. Había luz que no luz pero mis ojos. Se abrió que me vibró y empujo en mi boca hacia la puerta su. Sin pensar ni una vez en mí, en mí al momento.

domingo, 11 de septiembre de 2011

xsms: 3/A: mucho gusto





Empezás adelante, luego atrás. En la boca. Del termolar enajena el pico, y al chupar. Te succiona mientras pasa líquido porque mucho gusta. Nde’yuhéi ra’e. Pantalón verde'o, remera, medias, mirás que lustra y se calza. Eso de mañana. Assim, em direção à noite porém, nas vésperas do coice, receio: Namombyrýi opyta la cheróga, jaguata’imíta añete, péro sapy’aitépe ñaguahẽta. Las botas. Vos siempre en la espera de oportunidad, sin desperdicio de cuerpo esta vez por favor. Cuando su cara se frunce es otra: la primera que invita, al parpadear su guiño perverso. Siempre se veían, urgentemente, decíle. Sin bus, ahí, en un mismo minuto, espacio para dos. Ahora por detrás. La cama -y vos arriba despierto-, es bastante grande, pensás, pero mucho gusto, dice. Igualmente.






Ir a xsms 3/B: fluidos

lunes, 29 de agosto de 2011

x sms 2/A: contador




Negro, en la punta donde se despliega el sabor, la conformidad regala. Detrás de las junturas, las papilas se atrasan hacia el suspenso, pero pide. Más, reitera. Más. De vuelta, doy. Aunque son pálidos los alrededores lisos, y vibra: como estambre se muestra orgulloso de que estaba a mi vista vibrando, aunque es negro. Centro. Le sigo (el juego). Después hace: mi mano se suelta, suspendida en el aire por una -su mano-, y con su otra retiene. Sin gesto, muy quieto exhibe. Tiene mi mano, con dolor que avergüenza. Miro: Son dos las direcciones, esquivando. “En un rato vamos a hacer rotación”, le digo. Mentira.


sábado, 20 de agosto de 2011

x sms 1/A: mototaxista



Llovizna y corta. Madrugada indigerible en trozos por el paseo de gigantografías publicitarias donde muy solo. Yo. Mi estar de una vez por todas, aunque no hay hora decisiva para mí, porque la vida me come con parsimonia. Solo estar. Desafío circunstancia, duermo, pero la bocina del mototaxista me invita. Subo. Yo. Con ganas, sin plata. "Vamo mbóra, kape". É o momento em que dois cachorros cheiram o rabo um do outro: E é feita a descoberta. "Ha mba'éicha gua'u la repagase piko, chico?". Y vamos.



sábado, 14 de mayo de 2011

Declare indepenDANCE



Ayer, por primera vez en mi vida, desfilé en el marco de las fiestas patrias. No lo habría hecho voluntariamente, pero corría el riesgo de perder mi empleo si no lo hacía; así de importantes son los desfiles para algunas personas.

Me sentí un asco. Un alumno se acercó y me dijo "profe, yo no le veo mucho sentido a esto del desfile", y yo le dije "yo no le veo ninguno", pero la verdad es que sí que tiene mucho sentido, y por eso me asusta.

El secretario del colegio donde enseño no dejaba de decirme que mi pelo seguía demasiado largo, a pesar de que me lo corté para la fecha (él y los demás profesores se habían pelado). Se acercó y me dijo "¡marche, profesor!", y yo le respondí que yo no marchaba, entonces se paró detrás mío a contar "un, dos, tres, cuatro, cuatro, un, dos, tres, cuatro, cuatro...". A los chicos no dejaban de gritarles para que se mantuvieran en las filas, y las maestras levantaban las manos al estilo reina de belleza y saludaban a ambos lados. Yo miraba al suelo.

Cuando pasamos frente al palco donde Sandra McLeod de Zacarías, su esposo Javier Zacarías, entre otras autoridades estaban sentados, tuve el original deseo de pararme en medio, sacar un altavoz y empezar a cantar "declare independence" de björk. Los demás profesores alrededor mío deberían girar frente al palco y dar saltitos, como los soldaditos del video, y la banda lisa del colegio marcaría el ritmo. Vería a Sandra Zacaríaz agitar los puños cerrados junto a su cara dando gritos, y a la supervisora local tapándole los oídos al busto del Mariscal López. Vería, a tantas maestras teniendo espasmos orgásmicos en la avenida Bernardino Caballero, y a tantas madres corriendo espantadas arrastrando a sus niños. Vería cómo Björk se acerca a lo lejos y me da un beso, y corremos hasta el puente de la Amistad donde las aguas tienen un color amarillo fosforescente.

sábado, 2 de abril de 2011

Me quedé sin palabras



Ésta es una performance grabada por Damián Cabrera y Carlos Rojas con motivo de un encuentro de creadores y gestores culturales en diciembre del 2010, en Minga Guazú. Mientras Carlos Rojas lee palabras al azar en un diccionario, Damián Cabrera le cubre la boca con cinta adhesiva, haciendo que resulte cada vez más difícil comprender lo que dice. La idea era explorar lo inefable, el enmudecimiento ante ciertas experiencias, ciertas circunstancias. "Me quedé sin palabras, no supe qué decir", pero también "me he quedado sin palabras, porque ya no tengo qué decir ante esto".Asimismo, la idea de que el silencio habla, se hace patente cuando éste es intencional; como el silencio que envuelve el sentido en un poema. Ésta obra surge como el resultado de lecturas de textos de Derrida y Benjamin y a su vez ha "desatado" otra obra, esta vez teatral, "(h)" -la letra que en castellano es muda, y que en guaraní es apenas un "hálito sensible", como el lamento descrito por Benjamin-. En "(h)", dirigida por Marina Cantero y Damián Cabrera, este "gesto" deviene denuncia: el que habla, nombra a la fauna y flora local, en guaraní; a medida que se impone el enmudecimiento (siempre con la cinta adhesiva) algo, que ya no tiene su cobijo en las palabras que lo nombran, va desapareciendo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Revista-espacio de expresión cultural EL TERERÉ

Los editores de la Revista-espacio de expresión cultural EL TERERÉ (Olga Bertinat y Damián Cabrera) convocan a escritores, artistas visuales y audiovisuales, músicos, artistas escénicos, gestores culturales y profesionales (o cultores) de toda área vinculada a la cultura, la educación, la filosofía y la política, a conformar su equipo de redacción y asistir a la reunión de constitución el día sábado 12 de marzo a las 09:00 hs de la mañana en la residencia de Damián Cabrera (km. 19 Acaray, Minga Guazú).

"DE MANO EN MANO, DE BOCA EN BOCA".

La Revista-espacio de expresión cultural EL TERERÉ es un proyecto iniciado en 2006 como un espacio alternativo de comunicación escrita en el ámbito universitario. Apuesta por contenidos críticos sobre cultura, cuestiones estéticas, política, educación, acostumbrada a un lenguaje que roza lo literario.

Tras una larga hibernación, EL TERERÉ retoma su compromiso con el lenguaje en 2010, y en 2011 se pone en campaña para fortalecerse, con la intención de construir la profesionalización del trabajo cultural; inspirada en cierta medida por la intención de generar una veta expresiva, una alternativa discursiva, para agitar la escena cultural local.

FORMACIÓN

Para lograr el objetivo de construir una escena de profesionalización del trabajo cultural local, EL TERERÉ quiere apostar a la formación de sus redactores, propiciando espacios para la discusión, proporcionando materiales de lectura y gerenciando asesorías de profesionales. Para tal efecto, mensualmente la administración distribuirá textos y convocará a talleres de escritura y espacios para la discusión acerca de la crítica como trabajo de creación.

CONTACTO

Para más informaciones, comunicarse con Damián Cabrera (0985178636 / 061 584049) u Olga Bertinat (0983622642).

sábado, 4 de diciembre de 2010

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ves doble si mirás a través de tu mano

Damián Cabrera. 2010. P/A 1




De paseo por las casas, es bueno saludar y sentirse en casa. Ella tiene un lunar enorme en uno de los senos, y el sudor hace que le brillen un poco. La limonada también, cubierta de gotitas, y los dos miramos hacia la calle.

Un automóvil pasa y atropella una gallina. Yo hiervo el agua y la desplumamos juntos. Alguien vacía un almohadón viejo de plumas, y nosotros cubrimos el suelo con puñados húmedos de agua y de sangre con un olor ácido.

Cuando tuvo aquella fiebre, yo me metí bajo sus sábanas porque temblaba mucho. Ahora que los dos miramos a la calle, me pregunto si la lluvia no tardará en llegar.

29 de noviembre


domingo, 31 de octubre de 2010

mar'a

Sin título II. P/A 1. Xilograbado.
Damián Cabrera. 2010



es la última vez, señorito
AYER Dios te mira
¿y dónde lo que no se mide?
en Valenzuela dice que
una vena de mar dice que
ipypuku: tiene fondo largo te voy a hacer arrodillar
afuera todo está fechado
yo:
ya era
ya
yo
ya otra vez

*me fui al centro, y compré un traje de buzo de la mesita


domingo, 8 de agosto de 2010

WANDERLUST: La parte de los avipones

Cuca estaba sin remera, con una bermuda y sus descomunales championes. Sentado en la terraza de un restaurant coreano, chupaba las últimas pitadas de su bagulho, y se rascaba una axila donde el aerosol le había rociado accidentalmente, dejándole un rastro de puntitos rojos hasta una de sus tetillas. Me gustaría tirarme del Puente de la Amsitad con un salvavidas para ver qué te va a pasar si te tirás, hermano, te vas a romper el cuello, no digas macanadas.

A dos cuadras, Michelly le pedía fuego a Jenifer, que esta noche era Alberto para cuidadarlas a ella y a las otras travestis. La boca de Michelly se abrió con la forma de la de un pececito y se cerró con la de los labios de una flor carnívora sobre el filtro del pabilo tiñéndolo de rojo sangre, el rojo sangre de su colorete.

Eso era en el Parque Chino, y unos metros más adelante estaban las murallas del Centro Regional, murallas que con el motivo de la Copa América los estudiantes habían pintado con escenas folklóricas de los países cuyas selecciones participarían en la competencia, pero que luego fueron reemplazadas por los anuncios políticos y que ahora estaban impecablemente blancas. “Me estoy descascarando, las capas superpuestas de tinta se van desprendiendo de mí, y estoy medio desnuda”, le hacés decir. Te acercaste con el tubo de aerosol y cuando lo arrimaste a la pared, temblando, la muralla tembló, como si se tratara de un organismo, de un bicho que se eriza con timidez. Era un bicho que te daba el lomo, asumía la postura de un ambu’a, la de un tatú bolita, y sus dientes rechinaban de miedo. Cada vez que el bicho temblaba, te ibas metiendo, uno tras otro, un ladrillo en la boca y lo empujabas con ayuda de la mano garganta abajo; o quizás no, quizás sólo te hayas detenido a contemplar la muralla y te haya parecido poético adjudicarle cualidades animales para que tu gesto cobrara un significado más comprensible; quizás, embadurnando la muralla de metáforas tornabas tu gesto más humano para vos.

Cuca estaba sin remera caminando por los tejados del colegio y cuando lo vimos tenía los ojos fosforescentes, como los de los perros cuando el seguridad le alumbra la linterna a Michelly ésta le tira un beso, mi vida, churro, papito, mostrame tu cachiporra, y Jenifer, no, Alberto, no seas pesada, nde puta, le estira de la miniblusa.

Cuca te está mirando desde el último tejado, parado, con las piernas formando un isósceles. Después se puso a mear en las canaletas, pero yo me reí nomás. Entonces él empezó a grafitear la muralla y nosotras nos quedamos a mirarle, porque parecía que iba a ser lindo, y porque el seguridad iba a prenderle una. Pero cuando el seguridad llegó se sentó en un banco que estaba en la avenida y se puso a fumar con las travestis. Buena onda el grafitti del person, me gustó su divague, y el tipo quemó bulbo cuando me vio grafiteando con él, y nos cagamos de risa. La muralla se contorsiona, hace una ola, ondula, y la tierra tiembla y la cal se desprende de las paredes como zifones de talco, y caen pequeños cascotes, y vidrios multicolores que muestran su viso en los brocales, para que nadie salte, agora já era!

Cuca también parece un bicho, recostado contra la muralla con ambas manos apoyadas en la pared y las piernas flexionadas. Parece un boxeador, no, un nadador, porque está sudado como si hubiese salido recién del agua y apenas tiene diesiséis años pero tiene la barba de un rabino, y su padrastro le pega, por eso dice que cuando trabaje va a reunir plata para irse a Bolivia haciendo dedo. Ya está ya. Pega. Quedó bien. Y las travestis aplaudían, y qué kilombo, el seguridad hizo una mueca de desaprobación pero con un filo de sonrisa que supo a aprobación.

Sugerí una cerveza en la estación de servicio, pero las travestis insistieron en que las acompañáramos. Pero enseguida Cuca desapareció, no supimos cómo, y a mí me pareció buena idea volver a casa nomás, no fuera que la policía pasara o no llegara a tiempo para el trabajo, pero parece que me quemo, que ardo por dentro, como si cientos de burbujitas estallasen ensangrentadas bajo mi piel, una rabia de todo, una inflamación, una erección como si no parara de bombear sangre y me fuera a auto-castrar, pero más bien al revés.

Y VOS, ¿CÓMO TE LLAMÁS? La realidad me la tomo muy enserio, nde. Me encanta cuando leo una novela a lo largo de cuya trama se va ahondando en la personalidad de los personajes, en sus miedos, en sus secretos, en sus miserias y desventuras. Mi nombre es Cuca, te dije. Ya sé, pero vos, ¿CÓMO TE LLAMÁS? (Playback: “Decime cuál cuál cuál es tu nombre”). Yo soy Cuca, ¿y vos? Yo soy Michelly. Alberto, Jennifer para los íntimos. Mateo. JAJAJA, ¿como Mateo Gamarra? ¡Sháke Delfina!

Cada vez que le preguntás a alguien por vos es un llamado de auxilio. “Yo no PUEDO verme bien. No me veo con CLARIDAD y no me veo BIEN. ¿CÓMO ME VES?”.

-¿Cómo me ves?

-Te veo bien.

-¿Enserio?

-Sí, se te nota más feliz, más contento, menos deprimido...

-Sí, ya sé, pero... ¿CÓMO me ves?

martes, 6 de julio de 2010

WANDERLUST: La parte de los avipones

Los faroles de los autos las alumbraban y los conductores sacaban las cabezas por las ventanillas para saludar los nacimientos con semblantes que pasaban por el reproche, la resignación, la burla; luego el sol iba tiñendo lentamente las murallas: murallas de escuelas iban incorporando el amarillo; murallas de casas descubrían otras formas, además del musgo, impresas, cuando amanecía; murallas de estacionamientos reflejando la luz que encandila y desdibujando los contornos con el centelleo. Estarse quieto, no moverse. La yuyera se detiene a observar el dibujo y luego se aleja con una sonrisa pícara. Sentarse y estarse quieto, serenado, inmóvil, patética y enternecedoramente ahí nomás, ahí donde se está para ver mejor porque ahí se ve bien, antes de que los funcionarios de la municipalidad vengan con su ejército de rodillos y pintura blanca. Dos enamorados se detienen a observar el dibujo y se alejan con una fotografía pícara. Enjuagarse la frente con rabia y empapar los cabellos grises, enjuagar los lentes y secarse el cuello con un pañuelo. La vena pulsa con rabia e irriga los capilares entumecidos hasta el ardor. El cuero cabelludo pica y falta aire. Una señora se detiene a observar el dibujo y se aleja con un hipo pícaro. Llegan los funcionarios con los rodillos y la lata de pintura. Mirarse, mirar, sentarse a tomar tereré, que nadie nos ve y podemos ser sin la luz opresora de los ojos grandes, ch'amigo. Los dos funcionarios se detienen a mirar el dibujo y se alejan con transigencia pícara.
PARECE MÁS UN JUEGO.
Por la mañana, el mismo rito de detenerse a mirar y seguir con las vidas. Antes de que termine el día, las paredes blancas, espléndidamente blancas. Por las noches, la espera agazapada (para algunos, como la espera del periódico; para otros, la visita del amante). Por las mañanas, sobre la todavía húmeda pintura blanca, nuevas formas vivas imponiéndose; y por debajo de la pintura blanca, formas ectoplásmicas, los fantasmas de los diseños asesinados tenían una historia como de sombras, detrás de un espeso tul.




En algunos lugares, pasan veinticuatro horas entre un nacimiento y otro, con tanta periodicidad, con tanta visibilidad, que a veces la gente se acostumbra, sigue con sus vidas.

WANDERLUST: La parte de los avipones

22 de enero de 2010
Anónimo
Descubrí a un avipón junto a mi muralla esta madrugada. Yo llegaba de una fiesta y lo encontré abriendo su mochila. Al principio tuve el impulso de salir corriendo, pensé que quizás podría estar armado y temí lo peor. Pero fue al revés. Tomó una aerosol y un papel doblado de su mochila y los bajó junto a mi portón, después se alejó trotando despacio y mirando hacia mí repetidamente. Adivinen... En el papel había un dibujo y un poema. Me sentí como un estúpido, pero empecé a garabatear mi muralla con el aerosol. Estaba borracho, y me parecía hermoso, pero a la mañana siguiente era más bien un desastre... Mis viejos se pusieron como locos, y yo también me quejé un poco para disimular. Esta noche voy a salir a dar una vuelta por ahí, no se asusten si les hago una visita, jejeje.

WANDERLUST: La parte de los avipones

El ladrillo está allí, solo, indefenso. Verde, pequeñito, no es nada, no pasa de un trozo de barro cocido, inofensivo; pero la suma de los ladrillos, el cemento y la altura, entonces es el peligro, entonces se revela su potencial peligroso. Toda muralla es un disparo de escopeta, estoy seguro de ello, es un balazo; a menos que sea un mural, que es como neutralizar la muralla; a menos que se la derribe, que es como un balazo, pero al revés: Revolucionario.

El demoledor, ¡eso era! Mañana a las doce, sí o sí. Y volveré inflamado katuete.

Por la ventana de mi pieza no se ve mucho: Habrá que dar una vuelta por la plaza para verlas imperativas; y puesto que la claustrofobia, y dado el buen comportamiento de la ciudadanía, habrá que intervenir, habrá que provocar un sacudón, por no que el hábito nos acostumbre, o que la costumbre nos habitúe. Mañana, después de obedecer, después de cooperar y las calenturas, voy a inquirir en algo que me inflame katuete.

Hay que verlas blancas, espléndidamente blancas. Me paro en medio de la avenida, en medio del zumbido de motores y luces de la hora pico, y las veo levantadas en torno mío: Murallas. Excluyen, separan, decantan. Se cierran hacia fuera, se imponen sobre la libertad. Más que privación de la vista del otro, implican negación de la visión del otro, negación del otro.

Y ahí veo a los griegos, orgullosos de ser civilizados, de que sus murallas los separasen de los bárbaros. Y se trasluce la ideología de las murallas, lo que han sido a lo largo de la Historia. Lo que está dentro de su circuito nos es privado: El ser, lo bueno, lo seguro, lo bello. ¿Y qué queda afuera?: La barbarie, el no-ser, la violencia, lo feo. Imposición de estatus e intimidad. Ojos que no ven, corazón que no siente es un lugar demasiado común para nuestro gusto.

Lo de mañana será algo sencillo, nada complicado; algo que sirva de práctica y a la vez de iniciación. He empezado con las pedradas para infundirme arrojo, y hasta me he instruido en lo que respecta a la fabricación de bombas caseras, pero intuyo que lo mío va por otro camino. Voy a hacer un grafitti, bastará con una paloma de la paz o alguna boludez como esa, qué sé yo.

Estoy lejos de dar la otra mejilla. Los ladrillos se atiborran en mi boca y los dientes me duelen terriblemente. La masa húmeda de cemento asoma por mi boca, mis cachetes hinchados, mis ojos rojos. Me resulta imperioso retrucar. Pero sin tradición de violencia -con aquellas violencias épicas distorsionadas o proscriptas-, con el concepto de violencia remitido a lo doméstico, a lo delictivo, me propongo recrear la violencia para que hable por lo que creo. Pero no estoy seguro de lo que quiero, los cuestionamientos me atraviesan, porque soy joven y tengo miedo de equivocarme, tengo miedo de que mis contemporáneos me cuestionen, que la historia me cuestione, militante trivial de quién sabe qué. En particular, me perturba eso de pensarme con lástima, de pensar mi dolor como un dolor distinto, casi ennoblecedor. Por eso milito en el anonimato, aunque eso no determina nada. ¿Habría sido más digno militar en el anonimato asqueado por el narcisismo? No importa. Lo cierto es que visibles o invisibles los demoledores están por ahí, agazapados, entablando sus luchas en la intimidad en nombre de un... ¿bien mayor? A estas alturas, más de lo que pueda pensarse de mí, me preocupa lo que pienso yo de todo esto, ahora que he leído tanto y me he vuelto tan escéptico. No sé de dónde tanta rabia, pero sé que debería ser una rabia funcional.

miércoles, 23 de junio de 2010

WANDERLUST: Hay que salir de la isla. Xiru ombokuru La babosa.


Areguá, 29 de Enero de 1945.





Padre Rosales:




Le escribo esta carta con la más pura resignación de una mujer cristiana y padeciente de cuantos sufrimientos sean posibles, pero con total conciencia de que el acto de denuncia que llevo a cabo contra mi hermana no es más que para su bien y el bien de la iglesia que está deshonrando en la comisión Pro-Templo con el cargo de presidenta que usted mismo le ha conferido.

Debo confesarle, padre, con honda tristeza, que mi pecadora hermana, desde la muerte del señor Salcedo, se dedica a la lasciva lectura de libros pornográficos que tiene de amontones abarrotados en los cajones de su cómoda. Se pasa los días encerrada en su cuarto hojeando esas páginas asquerosas de las que chorrea lujuria. Debo decirle que imagina a los pobladores aregüeños como personajes de esas noveletas compartiendo capítulos con ella. Es probable que usted mismo esté pecando en la mente de esa morbosa pecadora que es mi hermana. Imagínese, todo un ministro de la iglesia pecando en el pensamiento de esa impura.

Además debo decirle, aunque esta confesión me produce mucha vergüenza, que mi hermana ha caído en el muy puerco vicio del alcohol, y se bebe botellas y botellas de licor de anís que esconde en su cuarto, al que me niega acceso. ¡A mí que soy su única hermana!

Es sabido demasiado por todo el pueblo que la muy miserable me tiene a pan y agua desde hace siete años y que me obliga a firmar unos recibos a cambio del poco dinero que me da y con el que tengo que sobrevivir. Ni siquiera me permite ocupar a Pilar, la sirvienta, por lo que tengo que ocuparme del aseo de mi habitación, poniendo en riesgo mi salud, que por mi edad no tiene el vigor de años atrás.

Debería ver cómo se viste, la libidinosa. Parece, y perdone que lo diga, Padre, una de esas mujerzuelas que se pasean por los lupanares oliendo a caña y humeando sus cigarrillos; debe saber, padre que mi hermana también fuma, y eso no es un acto digno de una mujer decente.

Aún tengo para contarle infinidad de cosas de esta mi hermana que demasiado es pecadora, pero no quiero hartarle con estos pecados mortales que seguramente a usted lo deben estar turbando. Me despido de usted esperando que la gracia de Dios Nuestro Señor se derrame sobre Usted en abundancia y que tome pronta acción para separar a mi hermana del cargo de presidenta y colocar a una mujer más cristiana y más pura y consciente de la situación inmoral del resto de la población aregüeña y capaz de sacrificarse para salvar el alma de sus prójimos del fuego del infierno.


Humildemente,



Doña Ángela Gutiérrez

WANDERLUST: Hay que salir de la isla. Xiru ombokuru La babosa.




Areguá, 23 de Febrero de 1945.




Querido Padre:



Te escribo esta carta para contarte todo lo que estoy sufriendo en mi estancia en Aregua y la triste vida matrimonial que llevo.
Hace unas noches, lo pesqué a Ramón visitando la pieza de la catinga de Paulina. Me asquea que después de haberse revolcado con ella tenga ganas de tocarme a mí. Creo que la estancia en el campo le está haciendo daño, se está volviendo cada vez más campesino. Ha cambiado su modo de andar y de vestir, ya no se afeita y se la pasa hablando en guaraní y riéndose con otros campesinos cuyo parecido con Ramón me aterra cada día más.
La noche anterior llegó borracho, como casi todas las noches. Entró a la pieza lanzando injurias contra ti y contra mí. Mientras te cuento esto derramo algunas lágrimas sobre la carta, pero es que anoche Ramón me pegó y armó un escándalo del que todo Aregua se ha enterado, ya que los vecinos tuvieron que acudir a salvarme porque por poco me mata.
Papá, yo pensaba que la estadía de Ramón en la tranquilidad del campo lo ayudaría a escribir la novela de la que tanto habla, pero anoche nos acusaba de culpables de su relegación literaria. Te acusa de miserable por no haberle ayudado a irse a Buenos Aires o haberle dado una casa en Asunción.
Me duele tener que concordar con él, querido padre, pero, creo que Areguá lo está animalizando y que Asunción podría devolverle los modos de hombre de ciudad que ha reemplazado por los del tosco campesino.
Te pido, querido papá, que pienses en el tormento que estoy viviendo en esta casa, lejos de mis amistades y sometida a la violencia y la infidelidad de Ramón. Espero que puedas ayudarme en la brevedad posible y ayudar a Ramón para que vuelva a civilizarse.


Un beso de tu hija que te quiere.



Adela