martes, 26 de junio de 2012

JUICIO POLÍTICO. Narrativas y asimetrías discursivas


Por Damián Cabrera
Asunción, 26 de junio de 2012

1.      Verdades narrativas

El lugar de enunciación tiene ciertas implicancias en el tono de un relato, y éstas hacen de alguna manera a su verdad narrativa; hablar sobre y hablar desde son dos posiciones distintas con asunciones implícitas: El lugar desde el cual se habla reviste el testimonio con su ropaje de subjetividades y preconceptos, pero que aquí están asumidos como intrínsecos del mismo, porque su forma hace a su naturaleza.
Por una vez, el relato de la experiencia vívida no se hace desde el lugar del espectador –a través de los medios masivos de comunicación- sino que elige hacerse desde el lugar en el que algunos actores, en postura de reacción frente a lo que consideran un uso ilegítimo de la ley, apostaron por dar visibilidad a su desacuerdo, a pesar de que los medios corporativos de comunicación han invertido su mayor esfuerzo en hablar sobre la oposición ciudadana con sus consabidas estrategias de invisibilización y desacreditación; o por el contrario, han presentado los hechos con tal carencia de análisis y tan poco esmero que las tensiones se vieron perdidas en lo efímero de la anécdota para muchos.
Pero, quizás como nunca antes, las pujas por el sentido y la discusión por la verdad narrativa entre el testimonio de la ciudadanía y el discurso de los medios de comunicación han sido tan encendidas en el Paraguay. Estas pujas se dan en un contexto en el que se cuenta con otros medios y herramientas nuevas para comunicarse y expresarse, como las redes sociales y los medios digitales de prensa. Y un espacio público de comunicación, y en particular un programa de televisión, se encuentra en disputa entre el gobierno de facto y un  sector de la ciudadanía que lo tomó como bastión: A través del cual, por una vez, se sintió y se vio representado.



El fondo y la forma

            Pensadas como dos categorías distintas, en realidad las funciones de fondo y de forma en una narración son intrínsecas; es decir, el fondo no puede alcanzar realidad alguna sin la forma. A pesar de su bipolaridad aparente, un significado nunca podrá ser representado sino a través de un determinado significante. La ley, que también es un texto, pero que además de su texto tiene una naturaleza –un fondo-, necesita una forma –la forma de aplicación de la ley-, de la cual es inseparable: Toda vez que se manipulen los principios de la ley ésta se desnaturaliza.
            Si la legalidad hace a los ropajes jurídicos de un procedimiento, la legitimidad da cuenta de la naturaleza fundada de una acción. La ley y la forma de aplicación de la ley son inseparables, por lo mismo, toda ley cuya naturaleza y procedimientos son arbitrarios no sólo es ilegítima sino también ilegal, porque la legitimidad y la legalidad no pueden excluirse mutuamente.



2.      La trama


Perder el juicio

            En un procedimiento revestido de legalidad, Fernando Lugo fue destituido de la presidencia de la República del Paraguay en menos de 17 horas, a través de un juicio político que ignoró los principios jurídicos, simulando ofrecer las garantías para una justa defensa. La Constitución Nacional contempla el juicio político, del que pueden ser sujetos los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial), por mal desempeño de sus funciones o por delitos flagrantes. Los abogados de Fernando Lugo contaron apenas con dos horas para argumentar en su defensa, contra acusaciones de hechos que se desarrollaron a lo largo de cuatro años, y que implicaron la participación de miles de personas, y cuyas pruebas se basaron –aunque parezca jurídicamente irrisorio- en titulares de periódicos.
            Las causales de acusación fueron un atentado a la inteligencia de la ciudadanía. Se le atribuía a Lugo la responsabilidad sobre la masacre de Ñacunday, cuando en realidad la intervención se dio mediante una la orden de la Fiscalía y del Poder Judicial (inclusive hay una nota firmada por el propio acusador de Lugo, Oscar Tuma, en la que éste solicita la intervención del Congreso para el desalojo de unos campesinos que ocupaban una propiedad en litigio entre el Estado y el señor Blas N. Riquelme).
            Semanas antes del juicio político, la ciudadanía le dio un duro golpe a los senadores y diputados al frenar, a través de una manifestación pública, el desembolso de unos 50 millones de dólares al Tribunal de Justicia Electoral para que operadores de los partidos políticos inscribieran a la ciudadanía con miras a las próximas elecciones en 2013. No se pudo lograr, sin embargo, el desbloqueo de las denominadas “listas sábanas” que no permiten elegir a diputados y senadores individualmente sino en grupos partidarios. Esto es lo que posibilita que personas como Calé Galaverna sean prácticamente inamovibles en sus cargos, a pesar de su casi nula popularidad entre los electores. Según la diputada por el partido Tekojoja, Aida Robles –la única en votar contra el juicio político en la cámara de diputados-, el recorte de 50 millones de dólares para operadores políticos fue lo que motivó el pedido de destitución de Fernando Lugo.
            Sobre el caso Curuguaty, tanto la Liga de Carperos, como la Organización de Lucha por la Tierra, declararon que el grupo de campesinos no formaba parte de ninguna de estas nucleaciones, y sospechan seriamente de que se trate de un montaje para sacar réditos políticos.



Acusador y defensor

            Adolfo Ferreiro, defensor de Fernando Lugo en el juicio político, ha escrito uno de los capítulos de la historia del derecho que sin duda alguna servirá como un ejemplo lúcido para estudiantes de derecho tanto de Paraguay como de todo el mundo. Ferreiro comparó el juicio político contra el presidente con los juicios que se llevaban a cabo durante la dictadora de Alfredo Stroessner, e incluso con los juicios stalinistas de Praga, que estaban revestidos de legalidad, aunque de legales sólo tuvieran los ritos, y en los que había una sentencia previa.
            Pero, ¿cómo fue esto posible? Vivimos, según Adolfo Ferreiro, bajo la “soberbia de la ignorancia”. Y en un momento propicio para el debate, las voces intelectuales que producen pensamiento crítico son inaudibles. Ni siquiera el sector a favor del juicio político, que en apariencia tiene la venia de los medios de comunicación privados, fue capaz de articular un discurso razonable para fundamentar la intervención del Congreso.



El problema de la tierra

            Decís: El Paraguay tiene profundos problemas vinculados a la tenencia de la tierra. Pero, ¿por qué la tenencia de la tierra sería un problema? Las estadísticas revelan que el 2,6% de la población ostenta el 85,5% de las tierras en Paraguay. Pero, si bien estos números hablan de una distribución desigual de la tierra, no dan cuenta, por sí solos, de los conflictos que genera esta condición, puesto que la agricultura requiere de grandes extensiones de tierra, y las áreas urbanas tienen mayor densidad demográfica. Pero otros elementos complejizan la cuestión: La mayoría de esas tierras está en manos de extranjeros, como los alrededor de 300.000 brasileños y descendientes de brasileños que viven en el Paraguay, mientras que entre 100.000 y 300.000 campesinos sin tierra reclaman su derecho constitucional a la misma.
¿Y en qué se ocupa esas grandes extensiones de tierra? La mayor parte se dedica al monocultivo extensivo de la soja transgénica mecanizada. La misma requiere poca mano de obra y a su vez ha sido señalada como muy agresiva para con el medio ambiente. De hecho, todo lo que hace menos de cien años era el bosque atlántico del Alto Paraná, hoy es una alfombra verde y homogénea de soja, apenas contrastada con manchones de pastizales y algunos cultivos alternativos como el trigo, el sorgo o el girasol.
Pensás: El problema reside en que un gran sector de la población, sumamente empobrecido, con una larga tradición de lucha por el acceso a la tierra (un derecho garantizado por la Constitución Nacional de Paraguay) ha sido vaciado de su ser agricultor, ha perdido sistemas de producción tradicionales, ha perdido semillas milenarias que formaban parte de su cultura agrícola, heredada de la agricultura Guaraní. Comunidades rodeadas por campos altamente mecanizados, se hallan culturalmente excluidas y aisladas de otras comunidades con las cuales podrían desarrollar sus cosmovisiones, sin mencionar que muchas de ellas nunca han tenido acceso a servicios básicos de salud, educación y obras públicas.
A diferencia de los procesos de industrialización que terminaron en la explosión de las metrópolis latinoamericanas como Sao Paulo, México o Buenos Aires, las ciudades paraguayas no han tenido una historia industrial intensa, por lo que los procesos de des-ruralización supusieron además el movimiento de grandes masas de desocupados, principalmente a la capital Asunción y a Ciudad del Este, donde conformaron grandes cinturones de pobreza con multitudes dedicadas a ocupaciones informales o subocupaciones temporales que se volvieron permanentes.
En ese contexto, y no en otro, Lugo asciende al poder generando la primera alternancia en más de 60 años, y comprometido con las organizaciones campesinas a las que había apoyado en su lucha por la tierra, ya como obispo del departamento de San Pedro, uno de los más pobres del país.



3.      Medios públicos y medios corporativos: Asimetrías del poder discursivo

            En la era de la información, los medios de comunicación han estructurado el espacio de la expresión de manera que el discurso de quienes emiten la información se instale de manera poderosa, limitando la capacidad de respuesta del espectador; esto por la naturaleza misma de los medios masivos convencionales (televisión, radio, prensa escrita), cuyo costo de producción elevado es un primer obstáculo para la puesta en circulación de sentido de aquellos que tienen menos poder económico.
Martín Hopenhayn señala dónde residiría el problema de las asimetrías que existen entre emisores y receptores:

“La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, íconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse según cuáles son los actores hegemónicos en los medios que difunden estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible” (Hopenhayn, 2000: 72).

            Durante la manifestación contra el juicio político en la plaza del Congreso, muchos manifestantes abuchearon a periodistas televisivos calificándolos de “terroristas”, como reacción a lo que consideraban una representación de sí mismos sesgada por prejuicios y estereotipos. En la aparente escena diversa, los medios, presionados por sectores políticos, han instalado una polarización desactivadora de la movilización. Para estos medios, aquél que no está con uno está contra uno: aquél que no es de derecha es zurdo, éste bolchevique, aquél burgués, el otro haragán.
            Habiendo visto la movilización desde la plaza, considero que la representación que hicieron los noticieros de la misma no sólo no es fiel sino que es prejuiciosa, estereotipante y clausurante; esto hace pensar en una acción programática de los medios, aunque ésta no sea consciente para los informadores: Una acción, aunque no sea programática, puede poner a los sujetos en una condición determinada que propicie una acción o construya representaciones poco favorables. Y es que “al referirse al desorden, la descomposición y la informalidad, los medios y el “sentido común” suelen pensar en los sectores pobres o marginados”. (García Canclini, 2005: 192). Los medios insistieron en calificar la manifestación contra el juicio político como llena de “disturbios y actos de violencia”; señalaban la presencia de francotiradores, etc., además de los consabidos motes que desde la dictadura stronista se han instalado en el repertorio discursivo de la prensa local: “comunistas”, “izquierdistas”, “zurdos”, y ahora “luguistas” o “chavistas”. Aunque la sola posición política no implique necesariamente un descrédito, hay que señalar lo incómodas que se sienten las personas al ver su identidad clausurada de esa manera, lo que en sí podría constituir una maniobra de desaliento.
            En el intersticio de las polarizaciones, aparecen aquellos que son críticos con la gestión o la figura de Fernando Lugo, pero que reconocen en el juicio político un “golpe revestido de legalidad”. ¿Cómo situarse de un determinado lado como estrategia de presión si existe la posibilidad de la investidura identitaria de “comunista” o “zurdo”? A esto se le suma la manera en que los manifestantes, en un procedimiento metonímico, corean el nombre de Lugo como sujeto representante del agravio del parlamento, cuando en realidad la afectada fue la institucionalidad y la democracia. Pero hay que comprender que en las puestas en escena se habla con rodeos, y es necesario distinguir la persona del ícono, el sujeto del mito. “El mito no es un enunciado directo o “expresión” de las ideologías o de las cosmovisiones dominantes en una sociedad dada, sino los medios o el medio de una interacción ritual y simbólica entre los individuos y la sociedad” (VanDijk: 157). Por eso cuando los manifestantes dicen “Lugo sí, otro no”, hablan de las relaciones de fuerza; de la confianza depositada en un proceso democrático cuyo flujo fue cortado por el poder casi imparable del Congreso.
            Después de la destitución de Lugo, los canales privados de televisión transmitieron el programa de Marcelo Tinelli, el reallity “Rojo, el valor del talento”, películas, etc. No hubo un solo canal que se ocupara de reflexionar acerca de los hechos recientes.
            Inmediatamente después del golpe, Cristian Vázquez, encargado de prensa de la vicepresidencia, irrumpió en la sala de control de la TV Pública solicitando la grilla de programación y preguntando cómo hacer para suspender la programación. Sin agresión física, pero en un gesto que sin duda alguna es amedrentador y censor, Cristian Vázquez preguntó puntualmente por un programa: “Micrófono abierto”, un espacio en el que la ciudadanía puede poner su voz, con todo lo que esto implica: Convertirse en emisor, poner en circulación una voz autorrepresentativa sin editar.
            Al día siguiente, la calle de la TV Pública fue tomada por un sector de la ciudadanía que reconoció en este espacio una clave expresiva que –además del trabajo estético de producción llevado a cabo por Marcelo Martinessi- proporciona al espectador la posibilidad de constituirse en actor de sí mismo.
            Y resulta que, además, el acceso a un medio de puesta en circulación de sentido posibilita a determinado sujeto o sector construir su propia legitimidad. Néstor García Canclini señala de qué manera se concibe la cultura una de sus interpretaciones:

“como una instancia de conformación del consenso y la hegemonía, o sea de configuración de la cultura política, y también de la legitimidad. La cultura es la escena en que adquieren sentido los cambios, la administración del poder y la lucha contra el poder. Los recursos simbólicos y sus diversos modos de organización tienen que ver con los modos de autorrepresentarse y de representar a los otros en relaciones de diferencia y desigualdad, o sea nombrando o desconociendo, valorizando o descalificando” (García Canclini, 2004: 37)

            Pero para García Canclini, la cultura también puede ser vista como “dramatización eufemizada de los conflictos sociales” (García Canclini, 2004: 38); y en los medios, sean éstos opositores o simpatizantes de determinado discurso, se pueden identificar las puestas en escena que contribuyen con “la conformación del consenso y la hegemonía, porque estamos hablando de luchas por el poder, disimuladas o encubiertas” (op. Cit.).
            El discurso de los opositores al juicio político también establece analogías. Se identifica el proceso actual con la dictadura stronista. Y es que, a pesar de la forma que los acusadores asumieron para el juicio, las acciones simultáneas al mismo y posteriores a éste provocaron en muchos una sensación de déjà vu. Porque la cultura stronista tiene su estética y sus ritos.

“Al cruzar, desaforada y voraz, esta escena inerte, la propuesta stronista de Progreso avanzó depredando la ecología, el patrimonio histórico y las identidades étnicas e intentando desesperadeamente homogeneizar la memoria y los deseos colectivos sobre el fondo real de discriminaciones y diferencias brutales” (Escobar, 1992: 30).

 

4.      Lo permanente y lo reversible

            Reflexionando acerca de lo que supuso el gobierno de Lula da Silva en Brasil para la política del país vecino, Suely Rolnik sugiere que, por más que le sucedan gobiernos con una línea política más conservadora, ese proceso dislocó posiciones y abrió la escena de una manera de tal modo efectiva, que quizás éste sea irreversible. Pero me pregunto si el proceso, iniciado con la caída de Stroessner y que desembocó en la alternancia en el poder con la asunción de Fernando Lugo, posibilitó alguna dislocación en la orientación de las políticas y si, fundamentalmente, activó el deseo de múltiples sectores de manera que el proceso se haga permanente. Quizás el poco tiempo de un solo periodo de gobierno –interrumpido de manera ilegítima con los ropajes de la legalidad corrompida- no haya sido suficiente, y la escena todavía sea flexible para la transformación de las orientaciones. Pero considero importante superar las polarizaciones básicas e invertir esfuerzos por establecer coincidencias que nos permitan desdibujar las cartografías opresoras del poder de modo que el terreno –abierto a las confrontaciones y oposiciones que supone la diversidad cultural, nacional y política- sea más amable con la diferencia y más coherente en su forma con la naturaleza de lo que reconocemos como democracia, y que en este momento desde diversas direcciones pretendemos defender.



BIBLIOGRAFÍA

García Canclini, Néstor. 2004. “La cultura extraviada en sus definiciones” en Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad. (Buenos Aires, Argentina: Gedisa Editorial)

García Canclini, Néstor. 2005. “El papel de la cultura en ciudades poco sustentables”, en Diversidad cultural y desarrollo urbano, Allende Serra, Mónica (ed.) (Sao Paulo, Brasil: Editora Iluminuras Ltda.)

Hopenhayn, Martín. 2001. “¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura”, en Estudios Latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. Daniel Mato (comp.). (Buenos Aires: CLACSO).

VanDijk, Teun A. sf. “Contenido de los medios de masas. El estudio interdisciplinario de las noticias y el discurso”, en Metodologías cualitativas de investigación en comunicación de masas, Jensen, K. R. y N. W. Jankowski. (Bosch: Comunicación).

Barbero, Jesús Martín y Ana María Ochoa Gautier. 2001. Cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. (Buenos Aires, Argentina: CLACSO).

Escobar, Ticio. 1992. “El lugar de la cultura” en Textos Varios. Sobre cultura, transición y modernidad. (Asunción, Paraguay: Agencia Española de Cooperación Internacional. Centro Cultural de España Juan de Salazar).

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