lunes, 24 de marzo de 2014

MENTIRA RELATIVA/Abcolor.me y la democracia simbólica



Por Damián Cabrera


Dentro de una sola cultura,
allí donde reinaría unánimemente un concepto estable de mentira,
 puede cambiar la experiencia social,
la interpretación y la puesta en práctica del mentir.

Jacques Derrida



            Diversas fechas y diversos lugares han visto cómo la veracidad, los límites de la verdad constatable y los dispositivos de la mentira han suscitado controversias y proyectos, surcando prácticas humanas como la ciencia, la política o la poesía. El discurso político ha sido juzgado bajo los filtros de la ética, la moral (religiosa o no) y la razón sacralizada; se han cuestionado sus despliegues retóricos y el engaño intencionado que podrían ocultar las palabras; que a su vez, a veces, también podrían encubrir a quien las enuncia. Se podría sugerir que el contorno del concepto de libertad de expresión, un derecho universalizado, no se mostraría igualitariamente  a todos los sujetos o sectores de una sociedad, al menos en lo que respecta a las capacidades y condiciones que necesitarían para articular las verdades propias y específicas o para hacerlas audibles, en la hegemonía del capitalismo y la información, que supone una particular distribución de poderes. Asimismo, esos contornos del derecho no están de tal forma delineados que no haya dudas acerca del alcance y los límites de las libertades individuales y colectivas, o corporativas.
            Muchas variables relativizan las verdades narrativas. El relato testimonial y el relato testifical tienen pesos distintos según el lugar de enunciación desde el cual se producen.
Del mismo modo, no todos los individuos, estados, comunidades o corporaciones tienen el mismo  poder discursivo. Martín Hopenhayn sugiere que “la asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible” (Hopenhayn, 2000: 72). Por su parte, Nelly Richard observa que:

“Tanto las acciones como “los juegos de lenguajes” siguen condicionados por divisiones y asimetrías de poder que, en el caso de las periferias culturales, obstruyen el flujo multilateral de sus signos, bloqueando vías de reciprocidad en el intercambio de los mensajes entre destinadores y destinatarios” (Richard, 1998)

Pero algunas de esas acciones pueden tener la capacidad de desbloquear esas vías y proponer un flujo alternativo de los sentidos.º
            En octubre de 2012, una plataforma virtual de publicación de artículos, ABColor.me, parodiando la versión digital del periódico ABC Color, de Paraguay, posibilitó a lectores, que habitualmente estarían clausurados en el lugar del espectador, convertirse en productores de sus propios artículos, jugándose desde el territorio de la mentira, de la ficción parodiadora, para contestar la producción de sentidos de un medio por el cual ellos no se sienten representados.
Excepcionalmente, los periódicos paraguayos publican textos de lector –me pregunto qué tanta es la demanda, me pregunto por la calidad de los textos enviados; por qué filtros de edición debería pasar un texto de lector para poder ser publicado en un medio que tiene sus propios requisitos y necesidades editoriales-. Además de la enorme capacidad de agencia y el costo operativo que demanda mantener en circulación un medio de comunicación impreso, es de suponer que se priorice la línea editorial del medio; es un fenómeno poco constatable en Paraguay, pero algunos medios, para validar su propio discurso editorial proponen una producción plural de contenidos en lo que respecta a las posiciones que pueden asumir los periodistas.
La ficción es una mentira: Es producir una ilusión con el fin de engañar al lector; pero un espejismo que podría ser iluminador en tanto hace aparecer de forma artificial aquello oculto. Es lo que el arte persigue, iluminar el reverso de la realidad.
Esperamos de los medios informativos de comunicación que estos produzcan contenidos veraces. El deber de la veridicidad racional es un principio muy antiguo, pero el distanciamiento que produce la verdad también lo es. Nietzsche ya advertía que el lenguaje humano, recortado por procedimientos metonímicos, ya se habría distanciado demasiado de una posible equivalencia entre el nombre y lo nombrado, a tal punto que nos resultaría imposible alcanzar la verdad por medio de las palabras. Pero creo que la mentira también ofrece posibilidades maravillosas: Mediante ella podemos alejarnos de la experiencia verificable e ingresar a otros universos y registros, sin los cuales la ficción y la empatía no serían posibles.
Algunos conceptúan a ABC Color como un periódico tendencioso y poco objetivo. Su línea editorial podría ser calificada como de derecha nacionalista. Ha sido criticado desde diversas posiciones  -incluso por algunos intelectuales de derecha que trabajan en el propio medio-, y asimismo ha sido objeto de campañas populares de desacreditación (como la campaña “ABC Ijapu” o “ABC Miente”).
La acción de ABColor.me consistió en tratar de equilibrar las tensiones entre la veridicidad requerida y la acusación de falseamiento. Pero ese decir-veraz que se estima distanciado o ausente en ABC Color es reclamado a través de la parodia, de una mentira, de la substitución que supone el contra-decir.
Este fenómeno en el que se confrontan dos claves de asunción del engaño, nos permite preguntarnos por la mentira, su relación con los medios de comunicación, y la democratización simbólica que desarreglaría los lugares clausurados a los que estarían destinados quienes tienen un menor poder discursivo. ¿Cuáles podrían constituir estrategias de audibilidad en una escena en la que la producción y puesta en circulación de sentido estaría estratificada? ¿Cuáles podrían ser los alcances del uso de la mentira? ¿Estamos autorizados a hablar sobre ella?



La mentira mediática

Dadas las características de los mecanismos de puesta en circulación de la información en Paraguay, al menos en lo que respecta a los medios corporativos de comunicación –que a su vez son reproducidos, por ejemplo, por las radios comunitarias-, los periódicos de circulación nacional juegan un papel importante en la construcción del sentido colectivo y de la interpretación del presente. Todas las mañanas, cientos de comunicadores leen al aire los titulares de los periódicos, y millones de paraguayos los escuchan. Probablemente, ABC Color sea el periódico de mayor circulación en Paraguay, y como tal reúne las condiciones más favorables para instalar más cerca del centro de irradiación de información su interpretación de la verdad.
Asumo que muchos medios, como ABC Color –pero no como todos los medios-, podrían ser muy objetivos, por ejemplo, en la cobertura de noticias policiales, pero me atrevo a hablar de “interpretación”, cuando los contenidos producidos y publicados por los medios se refieren a cuestiones políticas y sociales. Asumiendo que ABC Color tiene una línea editorial que podría cambiar el signo de sus contenidos, por muy objetivos que estos pretendan ser, creo que necesitamos rever nuestra expectativa y ejercitar (y ejercer) una lectura que nos permita discernir entre lo informativo y lo propagandístico. No es difícil advertir en ABC Color motes, apodos, bastardillas, comillas, y otros juegos del lenguaje que nuestra expectativa consideraría admisibles en una columna de opinión y reprochables en un artículo de naturaleza informativa. Pero también es necesario subrayar que los medios alternativos también podrían estar igual de viciados.
¿Desde dónde se le puede reprochar a ABC Color producir y poner en circulación su discurso, aun cuando su contenido sea falseado,  si a la vez estamos a favor de la libertad de expresión? ¿Con qué autoridad podemos nosotros afirmar que ABC Color miente? ¿Con qué autoridad podemos nosotros hablar de la mentira? ¿Acaso las emisiones de quienes se manifiestan en oposición a este medio tampoco están inscriptas y producidas desde una particular y específica interpretación de la realidad? Si la línea editorial de ABC Color nos permite hablar de “interpretación” en sus informaciones sobre política, economía y sociedad, ¿qué nos haría pensar que el contenido de un medio alternativo, por ejemplo E’a, tampoco impone una clave interpretativa propia que circunscribe el sentido de sus contenidos?
Valga una aclaración: Si los periodistas de medios alternativos se equivocan, no están mintiendo: “Se puede estar en el error, engañarse sin tratar de engañar, y por consiguiente, sin mentir” (Derrida, 1995). ¿Miente un medio corporativo cuando se equivoca, o cuando es impreciso? Seguramente no. Pero la persistencia en el error, aun cuando haya constatación del mismo, la vaguedad constante, podría hacernos pensar en un programa. Derrida sugiere que “no se miente si se cree en lo que se dice, aún cuando sea falso” (Ibídem). Pero aun cuando los periodistas de ABC Color crean en lo que opinan, me resulta difícil pensar en este medio como una comunicación producida por un autor coral; antes bien como una selección de textos curada con fines específicos –¿a través del engaño?-(1). ¿Y están en su derecho de hacerlo?
Por otro lado, resguardados en el anonimato que la plataforma posibilita, en pocas horas miles de artículos fueron publicados en ABColor.me. El rastreo de las autorías resultaría muy dificultoso. A diferencia de lo que ocurre en ABC Color, paradójicamente, en esta plataforma los emisores se multiplicaron hasta tal punto que todo Yo desapareció.
A ciertas teorías literarias les ha dado por afirmar que toda escritura es colectiva, puesto que el autor es una función social que cataliza los ideales comunitarios por medio de la palabra. Pero la escritura también es un gesto individual de diferencia.
No se le puede reprochar a la línea editorial de un medio que asuma una postura, pero nuestro particular sentido de justicia nos hace preguntarnos acerca de la forma que asume esa postura, y mucho más cuando esa postura nos afrenta, nos hiere, porque nos encierra en su representación de nosotros, como creo que hace ABC Color. Y lo que creo que pretendió ABColor.me es hacer una forma de justicia.
Resulta, también, que ABC Color tiene una función hegemónica en el espectro de medios de comunicación, y su línea editorial esencialista, y la oposición de ésta a ciertas políticas públicas que podrían beneficiar a sectores menos favorecidos, es vista por algunos como una negadora de futuros y de diferencias; y en Paraguay, esa negación se instalaría en el pensamiento colectivo y se efectivizaría a través de los mecanismos de puesta en circulación de la información –con todos sus contenidos ideológicos implícitos-.
En ese sentido, acciones colectivas como la que propició la plataforma ABColor.me constituirían intervenciones contra-hegemónicas de democratización simbólica. No el mero chiste, no la mera parodia, sino la denuncia, la puesta en evidencia de una verdad a través de la mentira, para desactivar o intimar a reformular el artificio. Este es uno de los caminos por los cuales la mentira relativa puede devenir mentira develadora, para negar o evidenciar las verdades absolutas que cristalizó una mentira, una interpretación. ABColor.me jugó a la mentira con las estrategias del híbrido y el infiltrado que valiéndose de su capacidad mimética desestabiliza el interior de un mecanismo en función de un afuera, en los bordes del reconocimiento; llegando a perturbar la autorización de la autoridad hegemónica, si se llegara a comprobar que efectivamente Tigo y Personal, los principales proveedores de internet en Paraguay (2) censuraron la página de ABColor.me.



Mentira reveladora

Ante la pregunta retórica formulada en el periódico E’a acerca de quién miente más, si ABC Color o ABColor.me, podemos afirmar, con humor, que el segundo es un medio engañoso, pero en tanto parodia, en tanto ficción asumida. Sin embargo, Derrida retoma a San Agustín y afirma que “mentir es querer engañar al otro, y a veces aún diciendo la verdad. Se puede decir lo falso sin mentir, pero también se puede decir la verdad con la intención de engañar, es decir mintiendo” (Derrida, 1995). Entonces, un medio, aunque diga la verdad, miente cuando disimula, miente cuando omite deliberadamente. Miente ABC Color cuando expone números, miente cuando dice la verdad en función de un engaño, miente la mentira del Estado cuando circunscribe al individuo, miente el Mercado y el capitalismo cuando azuza el deseo del vacío. Cualquiera de nosotros miente.
 Lo que hace la ficción de la parodia es reproducir un acontecimiento, un discurso, doblar un personaje, torciéndolo para criticarlo, empleando recursos irónicos. Se ha dicho desde distintos lugares, y en diversos sentidos, que la ficción puede ser liberadora.

“Al lenguaje de la ficción se le pide una conversión simétrica. Este debe dejar de ser el poder que incansablemente produce y hace brillar las imágenes, y convertirse por el contrario en la potencia que las desata, las aligera de todos sus lastres, las alienta con una transparencia interior que poco a poco las ilumina hasta hacerlas explotar y las dispersa en la ingravidez de lo inimaginable” (Foucault, 1966: 10).

            Me arriesgo a asumir que esa explosión y esa dispersión de imágenes desatadas de las que habla Foucault podrían salpicar la rigidez de la realidad, para ayudar a reinventarla. Antes que mentira como usurpación y engaño, ABColor.me escenifica una contra-verdad lúdica, en forma de epifanía.
           


NOTAS

1.      Pienso en la Biblia, en sus decenas de autores desmultiplicados y distanciados de su propio texto, y por él mismo ocultados, cuando se afirma que esa polifonía es llanamente “palabra de Dios”, uno solo, único.

2.      Recordamos que Aldo Zucolillo, propietario de ABC Color, es accionista de la empresa de telefonía móvil Personal, desde la cual no se pudo acceder a la página ABColor.me



BIBLIOGRAFÍA

Derrida, Jacques. 1995. Historia de la mentira: Prolegómenos. Conferencia dictada en Buenos Aires organizada por la Facultad de Filosofía y Letras y por la Universidad de Buenos Aires. (Buenos Aires: Edición digital de Derrida en castellano).
Consultado en fecha: Octubre de 2012

Foucault, Michel. 1966. El pensamiento del afuera. Trad. Manuel Arranz Lázaro. (Chile: Escuela de Filosofía, Universidad de ARCIS).
Disponible en:
Consultado en fecha: Octubre de 2012


Richard, Nelly. 1998. “Intersectando Latinoamérica con el latinoamericanismo: Discurso académico y crítica cultural” en Teorías sin disciplina (latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización en debate). (México: Miguel Ángel Porrúa)

jueves, 19 de septiembre de 2013

Presentación del libro "Deguaû de-gua'u. El ángel de la muerte" de Jorge Canese


por Damián Cabrera



Qué fecha es hoy. Hablamos de un libro, que se nos presenta, que en la fecha es un otro libro, y la fecha de hoy es un libro anterior, al mismo tiempo. Qué fecha.
            Yo saludo a Jorge Canese, el contemporáneo. Le saludo como un motor de dos tiempos: admisión, compresión, explosión y escape.

Para llegar a este libro de Canese, antes tuvimos que cruzarnos. Él tuvo que irse a Minga Guazú, a dar clases en la Carrera de Medicina de la Universidad Nacional del Este; uno de sus alumnos me habló de él y me regaló un libro suyo. Hace un año, coincidimos en otra ciudad, en otra fecha. Ahora reincidimos, en Asunción.
           
Este año los textos de Canese comenzaron a ocuparme. Hay algo en sus libros que parece que se me quiere mostrar pero nunca logro ver, y eso me inquieta mucho. Me hace incomodar sus poemas, y me hace molestarle al propio Canese; ahora inclusive, mientras trato de decir algo sobre este libro, porque parece que cuanto más me acerco, más me perturba, pero cómo tomar distancia.
Entonces, como no me queda remedio, traduzco los textos de Canese. No puedo conocer eso que no se me dice sino mediante una traducción. Y mi clave es siempre el polvo. Leo a Jorge Canese como leo el polvo de Minga Guazú: una humareda roja y turbulenta. El polvo incomoda, nubla la vista, sofoca, ensucia, tapona, corroe, mancha, seca, oscurece, paraliza. Las contaminaciones, los cruces, las coexistencias que habilita la voz kanesiana me remiten de alguna manera al espacio físico del Alto Paraná, atravesado por voces diferentes y por territorios superpuestos, en su frontera larga.
Y ahora Canese nos habla de gua’u. Esta palabra, cuya raíz es la raíz de tantas voces en guaraní, incluyendo la propia palabra guaraní.
Canese tartamudea, nombra por todos los costados posibles, hace del artificio su juego. De gua’u es acuerdo, es una mentira convenida; una que sostiene la convivencia; el enmascaramiento que oculta los aspectos intolerables del otro ante nosotros mismos, o que, por un instante, carnavalesco, muestra todo lo intolerable y lo que no está permitido, como un juego, uno muy en serio.
En de Gua’u Canese hiende con insistencia. Si quieren, pueden imaginarle con el bisturí, cavando sobre las palabras. Abre tajitos en los pliegues de las palabras, deforma su piel. Ya no se sabe si la parte rosada es el verso o el reverso. Y es que Canese nombra por partida doble: Las palabras se suceden, a veces sinónimas, a veces homófonas, para tratar de darle nombre a algo. Canese apela a una ineficacia del verbo. Una palabra no basta para nombrar una zona, una acción. Entonces lo que se me aparece en los textos no es la celebración de un sinsentido, ni el sentido otro. Cuando Canese nombra, renombra, repite la imagen con palabras distintas, mantiene las raíces y altera las desinencias, lo que hace es cavar con el bisturí, amputar el sentido unívoco, provocar una fisura en la certeza. El sentido unívoco y la polisemia se desmoronan.
De gua’u es subvertir la verdad, no es un mero japu, un mentir típico. Hay alguien que habla y hace oscilar lo que está a la vista. Ijapu pero añetete la he’íva: no está puesto ante la vista algo falso. En Asunción hay una casa conocida por todos, pero cuando se apagan las luces es una casa extraña.
Este libro es un error consciente, está escrito con omisiones, a propósito; no es un libro que engaña, pero juega a engañar. Y cómo nos gusta a algunos.
            Yo no me aguanto, y le pregunto a Jorge Canese qué fecha es. Él me dice que hay una fecha de rupturas personales, de procesos personales, que le empujaron a un lugar más cómodo, aunque eso fuera falso, aunque fuera poco, era lo que se correspondía con el emergente ser kanesiano.

Y ahí tenés, aunque sea de gua’u, tu fecha, tu punto de inflexión, la instancia que detonó lo que leíste después y que te ha estado desorientando.
Este libro es un libro crítico, porque da cuenta de una fecha crítica, un momento de fracturas y escisiones. Y el Canese que conocés apunta a eso, a la fractura, a la des-subjetivación, al desafío de la identidad clausurada del sujeto, empuja, estrecha, aprieta, constriñe, las formas clausurantes de nuestra ficción.

            En De Gua’u hay claves de interpretación. Este libro de los 80, que ahora es otro aunque sea el mismo, inscribe las primeras faltas, los primeros abusos de Canese, lo primero idecidible.
           
Es ingenuo preguntarte qué quiere decir Canese. Todo lo que él dice de pronto se vuelve esquivo. Ahora, después de preguntarte qué es lo que quiere decir el juego, ves que quizás el juego quiera decir-se, y se dice.
           
Sin embargo, lo que queda no es una forma vacía, la palabra no se queda sola, pero se ha capturado el instante en el que la palabra tiembla de frío, está a punto de dejar de vibrar.  Digamos que Canese escribiera como si se tratara de una anécdota, de una crónica. A veces la anécdota se refiere a la propia escritura, la cróncia se dilata, se diluye en el recuento de los titubeos y tartamudeos, las indecisiones del escribidor, la vacilación disléxica. La voz se quiebra, porque la palabra lúbrica penetra un cuerpo donde no caben tantas palabras, ajasuru, y el cuerpo gime.
            El cuerpo se recupera, y Canese también. Salva la distancia que provocó gua’u con su voz de ventrílocuo que suena fuera de los cuerpos y que se mete en los cuerpos ajenos, como un eco, y se evoca, se nombra, se convoca. El kanesismo es la apuesta a un nombre, pero también es la expropiación de un nombre, la destrucción del nombre y la reducción a su cifra mínima: la letra k.
            En esta nueva edición, un texto que había sido pensado en vertical se presenta de forma horizontal. Horizontal es la posición del sueño y horizontal también la muerte. El polvo se mueve horizontalmente, y los paredones de polvo viajan por doquier; a veces se posan, sólo por un tiempo, hasta que el viento vuelva a desalojarlos. De arriba abajo, movés la cabeza para asentir, porque es verdad. Porque es de gua’u, ahora leés negando, no sea que el ángel de la muerte piense que el cuento es cierto. Nuestro rito de prevención de engaños.




31 de agosto de 2013
Libroferia de Asunción, Paraguay

miércoles, 8 de mayo de 2013

xsms 5/A



Está del revés. El asiento y estira pero nunca antes. Otra vez el horizonte. Es blando y mojado en el olor. Buscá en la heladera. El pedazo de jamón tiene. Hace un mes y medio, por primera y última vez. Peluzas blancas y peluzas verdes. Quiero ser violento. Ayer.










martes, 26 de junio de 2012

JUICIO POLÍTICO. Narrativas y asimetrías discursivas


Por Damián Cabrera
Asunción, 26 de junio de 2012

1.      Verdades narrativas

El lugar de enunciación tiene ciertas implicancias en el tono de un relato, y éstas hacen de alguna manera a su verdad narrativa; hablar sobre y hablar desde son dos posiciones distintas con asunciones implícitas: El lugar desde el cual se habla reviste el testimonio con su ropaje de subjetividades y preconceptos, pero que aquí están asumidos como intrínsecos del mismo, porque su forma hace a su naturaleza.
Por una vez, el relato de la experiencia vívida no se hace desde el lugar del espectador –a través de los medios masivos de comunicación- sino que elige hacerse desde el lugar en el que algunos actores, en postura de reacción frente a lo que consideran un uso ilegítimo de la ley, apostaron por dar visibilidad a su desacuerdo, a pesar de que los medios corporativos de comunicación han invertido su mayor esfuerzo en hablar sobre la oposición ciudadana con sus consabidas estrategias de invisibilización y desacreditación; o por el contrario, han presentado los hechos con tal carencia de análisis y tan poco esmero que las tensiones se vieron perdidas en lo efímero de la anécdota para muchos.
Pero, quizás como nunca antes, las pujas por el sentido y la discusión por la verdad narrativa entre el testimonio de la ciudadanía y el discurso de los medios de comunicación han sido tan encendidas en el Paraguay. Estas pujas se dan en un contexto en el que se cuenta con otros medios y herramientas nuevas para comunicarse y expresarse, como las redes sociales y los medios digitales de prensa. Y un espacio público de comunicación, y en particular un programa de televisión, se encuentra en disputa entre el gobierno de facto y un  sector de la ciudadanía que lo tomó como bastión: A través del cual, por una vez, se sintió y se vio representado.



El fondo y la forma

            Pensadas como dos categorías distintas, en realidad las funciones de fondo y de forma en una narración son intrínsecas; es decir, el fondo no puede alcanzar realidad alguna sin la forma. A pesar de su bipolaridad aparente, un significado nunca podrá ser representado sino a través de un determinado significante. La ley, que también es un texto, pero que además de su texto tiene una naturaleza –un fondo-, necesita una forma –la forma de aplicación de la ley-, de la cual es inseparable: Toda vez que se manipulen los principios de la ley ésta se desnaturaliza.
            Si la legalidad hace a los ropajes jurídicos de un procedimiento, la legitimidad da cuenta de la naturaleza fundada de una acción. La ley y la forma de aplicación de la ley son inseparables, por lo mismo, toda ley cuya naturaleza y procedimientos son arbitrarios no sólo es ilegítima sino también ilegal, porque la legitimidad y la legalidad no pueden excluirse mutuamente.



2.      La trama


Perder el juicio

            En un procedimiento revestido de legalidad, Fernando Lugo fue destituido de la presidencia de la República del Paraguay en menos de 17 horas, a través de un juicio político que ignoró los principios jurídicos, simulando ofrecer las garantías para una justa defensa. La Constitución Nacional contempla el juicio político, del que pueden ser sujetos los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial), por mal desempeño de sus funciones o por delitos flagrantes. Los abogados de Fernando Lugo contaron apenas con dos horas para argumentar en su defensa, contra acusaciones de hechos que se desarrollaron a lo largo de cuatro años, y que implicaron la participación de miles de personas, y cuyas pruebas se basaron –aunque parezca jurídicamente irrisorio- en titulares de periódicos.
            Las causales de acusación fueron un atentado a la inteligencia de la ciudadanía. Se le atribuía a Lugo la responsabilidad sobre la masacre de Ñacunday, cuando en realidad la intervención se dio mediante una la orden de la Fiscalía y del Poder Judicial (inclusive hay una nota firmada por el propio acusador de Lugo, Oscar Tuma, en la que éste solicita la intervención del Congreso para el desalojo de unos campesinos que ocupaban una propiedad en litigio entre el Estado y el señor Blas N. Riquelme).
            Semanas antes del juicio político, la ciudadanía le dio un duro golpe a los senadores y diputados al frenar, a través de una manifestación pública, el desembolso de unos 50 millones de dólares al Tribunal de Justicia Electoral para que operadores de los partidos políticos inscribieran a la ciudadanía con miras a las próximas elecciones en 2013. No se pudo lograr, sin embargo, el desbloqueo de las denominadas “listas sábanas” que no permiten elegir a diputados y senadores individualmente sino en grupos partidarios. Esto es lo que posibilita que personas como Calé Galaverna sean prácticamente inamovibles en sus cargos, a pesar de su casi nula popularidad entre los electores. Según la diputada por el partido Tekojoja, Aida Robles –la única en votar contra el juicio político en la cámara de diputados-, el recorte de 50 millones de dólares para operadores políticos fue lo que motivó el pedido de destitución de Fernando Lugo.
            Sobre el caso Curuguaty, tanto la Liga de Carperos, como la Organización de Lucha por la Tierra, declararon que el grupo de campesinos no formaba parte de ninguna de estas nucleaciones, y sospechan seriamente de que se trate de un montaje para sacar réditos políticos.



Acusador y defensor

            Adolfo Ferreiro, defensor de Fernando Lugo en el juicio político, ha escrito uno de los capítulos de la historia del derecho que sin duda alguna servirá como un ejemplo lúcido para estudiantes de derecho tanto de Paraguay como de todo el mundo. Ferreiro comparó el juicio político contra el presidente con los juicios que se llevaban a cabo durante la dictadora de Alfredo Stroessner, e incluso con los juicios stalinistas de Praga, que estaban revestidos de legalidad, aunque de legales sólo tuvieran los ritos, y en los que había una sentencia previa.
            Pero, ¿cómo fue esto posible? Vivimos, según Adolfo Ferreiro, bajo la “soberbia de la ignorancia”. Y en un momento propicio para el debate, las voces intelectuales que producen pensamiento crítico son inaudibles. Ni siquiera el sector a favor del juicio político, que en apariencia tiene la venia de los medios de comunicación privados, fue capaz de articular un discurso razonable para fundamentar la intervención del Congreso.



El problema de la tierra

            Decís: El Paraguay tiene profundos problemas vinculados a la tenencia de la tierra. Pero, ¿por qué la tenencia de la tierra sería un problema? Las estadísticas revelan que el 2,6% de la población ostenta el 85,5% de las tierras en Paraguay. Pero, si bien estos números hablan de una distribución desigual de la tierra, no dan cuenta, por sí solos, de los conflictos que genera esta condición, puesto que la agricultura requiere de grandes extensiones de tierra, y las áreas urbanas tienen mayor densidad demográfica. Pero otros elementos complejizan la cuestión: La mayoría de esas tierras está en manos de extranjeros, como los alrededor de 300.000 brasileños y descendientes de brasileños que viven en el Paraguay, mientras que entre 100.000 y 300.000 campesinos sin tierra reclaman su derecho constitucional a la misma.
¿Y en qué se ocupa esas grandes extensiones de tierra? La mayor parte se dedica al monocultivo extensivo de la soja transgénica mecanizada. La misma requiere poca mano de obra y a su vez ha sido señalada como muy agresiva para con el medio ambiente. De hecho, todo lo que hace menos de cien años era el bosque atlántico del Alto Paraná, hoy es una alfombra verde y homogénea de soja, apenas contrastada con manchones de pastizales y algunos cultivos alternativos como el trigo, el sorgo o el girasol.
Pensás: El problema reside en que un gran sector de la población, sumamente empobrecido, con una larga tradición de lucha por el acceso a la tierra (un derecho garantizado por la Constitución Nacional de Paraguay) ha sido vaciado de su ser agricultor, ha perdido sistemas de producción tradicionales, ha perdido semillas milenarias que formaban parte de su cultura agrícola, heredada de la agricultura Guaraní. Comunidades rodeadas por campos altamente mecanizados, se hallan culturalmente excluidas y aisladas de otras comunidades con las cuales podrían desarrollar sus cosmovisiones, sin mencionar que muchas de ellas nunca han tenido acceso a servicios básicos de salud, educación y obras públicas.
A diferencia de los procesos de industrialización que terminaron en la explosión de las metrópolis latinoamericanas como Sao Paulo, México o Buenos Aires, las ciudades paraguayas no han tenido una historia industrial intensa, por lo que los procesos de des-ruralización supusieron además el movimiento de grandes masas de desocupados, principalmente a la capital Asunción y a Ciudad del Este, donde conformaron grandes cinturones de pobreza con multitudes dedicadas a ocupaciones informales o subocupaciones temporales que se volvieron permanentes.
En ese contexto, y no en otro, Lugo asciende al poder generando la primera alternancia en más de 60 años, y comprometido con las organizaciones campesinas a las que había apoyado en su lucha por la tierra, ya como obispo del departamento de San Pedro, uno de los más pobres del país.



3.      Medios públicos y medios corporativos: Asimetrías del poder discursivo

            En la era de la información, los medios de comunicación han estructurado el espacio de la expresión de manera que el discurso de quienes emiten la información se instale de manera poderosa, limitando la capacidad de respuesta del espectador; esto por la naturaleza misma de los medios masivos convencionales (televisión, radio, prensa escrita), cuyo costo de producción elevado es un primer obstáculo para la puesta en circulación de sentido de aquellos que tienen menos poder económico.
Martín Hopenhayn señala dónde residiría el problema de las asimetrías que existen entre emisores y receptores:

“La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, íconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse según cuáles son los actores hegemónicos en los medios que difunden estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible” (Hopenhayn, 2000: 72).

            Durante la manifestación contra el juicio político en la plaza del Congreso, muchos manifestantes abuchearon a periodistas televisivos calificándolos de “terroristas”, como reacción a lo que consideraban una representación de sí mismos sesgada por prejuicios y estereotipos. En la aparente escena diversa, los medios, presionados por sectores políticos, han instalado una polarización desactivadora de la movilización. Para estos medios, aquél que no está con uno está contra uno: aquél que no es de derecha es zurdo, éste bolchevique, aquél burgués, el otro haragán.
            Habiendo visto la movilización desde la plaza, considero que la representación que hicieron los noticieros de la misma no sólo no es fiel sino que es prejuiciosa, estereotipante y clausurante; esto hace pensar en una acción programática de los medios, aunque ésta no sea consciente para los informadores: Una acción, aunque no sea programática, puede poner a los sujetos en una condición determinada que propicie una acción o construya representaciones poco favorables. Y es que “al referirse al desorden, la descomposición y la informalidad, los medios y el “sentido común” suelen pensar en los sectores pobres o marginados”. (García Canclini, 2005: 192). Los medios insistieron en calificar la manifestación contra el juicio político como llena de “disturbios y actos de violencia”; señalaban la presencia de francotiradores, etc., además de los consabidos motes que desde la dictadura stronista se han instalado en el repertorio discursivo de la prensa local: “comunistas”, “izquierdistas”, “zurdos”, y ahora “luguistas” o “chavistas”. Aunque la sola posición política no implique necesariamente un descrédito, hay que señalar lo incómodas que se sienten las personas al ver su identidad clausurada de esa manera, lo que en sí podría constituir una maniobra de desaliento.
            En el intersticio de las polarizaciones, aparecen aquellos que son críticos con la gestión o la figura de Fernando Lugo, pero que reconocen en el juicio político un “golpe revestido de legalidad”. ¿Cómo situarse de un determinado lado como estrategia de presión si existe la posibilidad de la investidura identitaria de “comunista” o “zurdo”? A esto se le suma la manera en que los manifestantes, en un procedimiento metonímico, corean el nombre de Lugo como sujeto representante del agravio del parlamento, cuando en realidad la afectada fue la institucionalidad y la democracia. Pero hay que comprender que en las puestas en escena se habla con rodeos, y es necesario distinguir la persona del ícono, el sujeto del mito. “El mito no es un enunciado directo o “expresión” de las ideologías o de las cosmovisiones dominantes en una sociedad dada, sino los medios o el medio de una interacción ritual y simbólica entre los individuos y la sociedad” (VanDijk: 157). Por eso cuando los manifestantes dicen “Lugo sí, otro no”, hablan de las relaciones de fuerza; de la confianza depositada en un proceso democrático cuyo flujo fue cortado por el poder casi imparable del Congreso.
            Después de la destitución de Lugo, los canales privados de televisión transmitieron el programa de Marcelo Tinelli, el reallity “Rojo, el valor del talento”, películas, etc. No hubo un solo canal que se ocupara de reflexionar acerca de los hechos recientes.
            Inmediatamente después del golpe, Cristian Vázquez, encargado de prensa de la vicepresidencia, irrumpió en la sala de control de la TV Pública solicitando la grilla de programación y preguntando cómo hacer para suspender la programación. Sin agresión física, pero en un gesto que sin duda alguna es amedrentador y censor, Cristian Vázquez preguntó puntualmente por un programa: “Micrófono abierto”, un espacio en el que la ciudadanía puede poner su voz, con todo lo que esto implica: Convertirse en emisor, poner en circulación una voz autorrepresentativa sin editar.
            Al día siguiente, la calle de la TV Pública fue tomada por un sector de la ciudadanía que reconoció en este espacio una clave expresiva que –además del trabajo estético de producción llevado a cabo por Marcelo Martinessi- proporciona al espectador la posibilidad de constituirse en actor de sí mismo.
            Y resulta que, además, el acceso a un medio de puesta en circulación de sentido posibilita a determinado sujeto o sector construir su propia legitimidad. Néstor García Canclini señala de qué manera se concibe la cultura una de sus interpretaciones:

“como una instancia de conformación del consenso y la hegemonía, o sea de configuración de la cultura política, y también de la legitimidad. La cultura es la escena en que adquieren sentido los cambios, la administración del poder y la lucha contra el poder. Los recursos simbólicos y sus diversos modos de organización tienen que ver con los modos de autorrepresentarse y de representar a los otros en relaciones de diferencia y desigualdad, o sea nombrando o desconociendo, valorizando o descalificando” (García Canclini, 2004: 37)

            Pero para García Canclini, la cultura también puede ser vista como “dramatización eufemizada de los conflictos sociales” (García Canclini, 2004: 38); y en los medios, sean éstos opositores o simpatizantes de determinado discurso, se pueden identificar las puestas en escena que contribuyen con “la conformación del consenso y la hegemonía, porque estamos hablando de luchas por el poder, disimuladas o encubiertas” (op. Cit.).
            El discurso de los opositores al juicio político también establece analogías. Se identifica el proceso actual con la dictadura stronista. Y es que, a pesar de la forma que los acusadores asumieron para el juicio, las acciones simultáneas al mismo y posteriores a éste provocaron en muchos una sensación de déjà vu. Porque la cultura stronista tiene su estética y sus ritos.

“Al cruzar, desaforada y voraz, esta escena inerte, la propuesta stronista de Progreso avanzó depredando la ecología, el patrimonio histórico y las identidades étnicas e intentando desesperadeamente homogeneizar la memoria y los deseos colectivos sobre el fondo real de discriminaciones y diferencias brutales” (Escobar, 1992: 30).

 

4.      Lo permanente y lo reversible

            Reflexionando acerca de lo que supuso el gobierno de Lula da Silva en Brasil para la política del país vecino, Suely Rolnik sugiere que, por más que le sucedan gobiernos con una línea política más conservadora, ese proceso dislocó posiciones y abrió la escena de una manera de tal modo efectiva, que quizás éste sea irreversible. Pero me pregunto si el proceso, iniciado con la caída de Stroessner y que desembocó en la alternancia en el poder con la asunción de Fernando Lugo, posibilitó alguna dislocación en la orientación de las políticas y si, fundamentalmente, activó el deseo de múltiples sectores de manera que el proceso se haga permanente. Quizás el poco tiempo de un solo periodo de gobierno –interrumpido de manera ilegítima con los ropajes de la legalidad corrompida- no haya sido suficiente, y la escena todavía sea flexible para la transformación de las orientaciones. Pero considero importante superar las polarizaciones básicas e invertir esfuerzos por establecer coincidencias que nos permitan desdibujar las cartografías opresoras del poder de modo que el terreno –abierto a las confrontaciones y oposiciones que supone la diversidad cultural, nacional y política- sea más amable con la diferencia y más coherente en su forma con la naturaleza de lo que reconocemos como democracia, y que en este momento desde diversas direcciones pretendemos defender.



BIBLIOGRAFÍA

García Canclini, Néstor. 2004. “La cultura extraviada en sus definiciones” en Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad. (Buenos Aires, Argentina: Gedisa Editorial)

García Canclini, Néstor. 2005. “El papel de la cultura en ciudades poco sustentables”, en Diversidad cultural y desarrollo urbano, Allende Serra, Mónica (ed.) (Sao Paulo, Brasil: Editora Iluminuras Ltda.)

Hopenhayn, Martín. 2001. “¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura”, en Estudios Latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. Daniel Mato (comp.). (Buenos Aires: CLACSO).

VanDijk, Teun A. sf. “Contenido de los medios de masas. El estudio interdisciplinario de las noticias y el discurso”, en Metodologías cualitativas de investigación en comunicación de masas, Jensen, K. R. y N. W. Jankowski. (Bosch: Comunicación).

Barbero, Jesús Martín y Ana María Ochoa Gautier. 2001. Cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. (Buenos Aires, Argentina: CLACSO).

Escobar, Ticio. 1992. “El lugar de la cultura” en Textos Varios. Sobre cultura, transición y modernidad. (Asunción, Paraguay: Agencia Española de Cooperación Internacional. Centro Cultural de España Juan de Salazar).

sábado, 16 de junio de 2012

Sobre el caso Curuguaty y los medios de comunicación



Es la hora encendida, los sentires también se incendian y en medio de la consternación cuesta ver con claridad; nos cuesta prestar atención a los acontecimientos en su detalle, aturdidos por los hechos de violencia, y cuesta mucho más aún esbozar una reflexión, con la indignación agitada por los medios de comunicación, cuando éstos, quizás adrede, reducen el acontecimiento a un hecho de violencia más en la escena de tensiones crecientes. Y es que la mayoría de los medios locales imitan burdamente cierto periodismo –común, por ejemplo, en Argentina- al que le da por detenerse superficialmente en el hecho, juzgando desde los valores de un grupo particular de poder al que representa el medio, sin tomarse el trabajo de hurgar en los fondos, o ignorándolos deliberadamente.
Un espacio abierto a múltiples subjetividades, grupos sociales, naciones –una escena con mapas y territorialidades superpuestas-, como es el caso de los departamentos paraguayos fronterizos con el Brasil, es susceptible de tensiones, porque, en sus intentos por consolidarse en la escena, los anhelos chocan unos con otros, y cuando no es posible encontrar la coincidencia, la tolerancia aparece comprometida. Pero basta mirar la historia, inclusive la más reciente, para comprender que las coexistencias no tienen por qué ser armónicas, no es una regla: Lo diferente existe hostilmente, sobreviviendo su espacio según sus potencias.
En el origen era el “infierno verde”. El bosque atlántico que se consideraba inagotable, fue escenario de explotaciones en los obrajes y yerbales, bajo el yugo de la Industrial Paraguaya, la Matte-Laranjeira, con un sistema esclavista apoyado por el Estado paraguayo; las tierras en cuestión fueron luego heredadas, de manera arbitraria, por personas y empresas cercanas al dictador Alfredo Stroesner, como beneficiarios ilegítimos de una “reforma agraria” que quizás se pueda pensar como los primeros fuegos de los conflictos en Curuguaty, y en otros distritos, que estallaron de manera convulsiva estos días. Pero hay que subrayar que los conflictos por la tenencia de la tierra en la frontera –y en todo el Paraguay- no son recientes, datan de por lo menos cien años.
Silvia Rivera Cusicanqui sugiere que a veces lo acallado puede estallar de modo “catártico e irracional”. ¿Se puede justificar la violencia? Los medios de comunicación hablan de una ola de violencia, pero, ¿violencia contra quiénes? ¿No era de esperar que luego de cien años, en cualquier momento, la indignación estallara de modo “catártico e irracional” en cualquier momento? Esto si pensamos que los campesinos paraguayos –los campesinos pobres- son un sector excluido de la población.
Los medios de comunicación aún tienen el descaro de desautorizar la identidad de la gente. Oscar Acosta, Carlos Báez, Sanie López Garelli, Yolanda Park –por citar algunos de los conductores de telenoticieros más vistos en el país- dicen “supuestos campesinos”, “autodenominados campesinos”; aunque ellos lo repitan ingenuamente, hay que entender que es una estrategia de desacreditación programática. Yo me animo a nombrar del otro lado, del lado de la soja, al “autodenominado sector productivo del Paraguay”, a los “supuestos productores”.
El monocultivo extensivo de la soja, que ya no tenía espacio en el Brasil, se abrió camino por Canindeyú, y a lo largo de toda la frontera. Durante el gobierno de Stroesner se crearon las principales condiciones para este ingreso: La eliminación de la Ley de frontera, la construcción del puente de la Amistad, la construcción de la Ruta Internacional Nº 7, e Itaipú.
Bartomeu Melià hace una etimología de la palabra “colonia”, y la vincula con palabras como cultivo, culto y cultura, “derivadas del verbo colo, que significa “yo trabajo o yo trabajo el campo””. Literalmente, pero también como metáfora de un modo de estar en el mundo, el habitante que trabaja una tierra pasaría a buscar más tierra para cultivarla, es decir, para colonizarla. Melià advierte que la historia ha demostrado que la acción colonizadora ha supuesto la dominación económica y política, y la negación de las otras culturas; explotación, dominación y negación por la pretensión de universalidad de las culturas colonizadoras. El discurso del colono en el Alto Paraná (de cualquier nacionalidad, incluso de los colonos paraguayos) se escuda en la supuesta infalibilidad moral de su deseo de trabajar (“que nos dejen trabajar tranquilos”); los grupos subalternos con los que disputa territorio –campesinos sin tierra, carperos, paraguayos, indígenas- carecerían de ese deseo de trabajar y serían representados, estigmatizados casi, como “haraganes”. Tanto el valor que se le asigna al trabajo, así como los modos de trabajar, de producir, de colonos, paraguayos e indígenas son distintos: esta sería la principal estrategia de desacreditación de sus enemigos. Pero “el verdadero colonizador piensa que él es la cultura, y el camino que él recorrió lo tendrán que recorrer los otros más tarde o más temprano”.
A los haceres se les asignan valores distintos, no sólo desde el punto de vista de la economía de la producción sino desde el punto de vista del sentido; el valor que se le asigna al trabajo tiene que ver con cosmovisiones distintas.
¿Cómo puede la tierra no ser suficiente para modos de hacer “poco productivos” en manos de poca gente y a su vez ser insuficiente para prácticas “altamente productivas” en manos, también, de poca gente? ¿Debe ser la “alta capacidad productividad” el único criterio para tener derecho a ser en la tierra?
            En apariencia, para el autodenominado “sector productivo del Paraguay” el bosque retrasa el progreso. Ésta es una representación stronista que ha sido eternizada por el discurso del sector, y el de los medios de comunicación con mayor presencia en el país –algunos de cuyos propietarios están bajo fuertes sospechas de haber sido beneficiarios ilegítimos de la seudo-reforma agraria stronista-.
Hoy se señala los supuestos peligros del bosque como escondrijo de “grupos ideologizados y subversivos”, puestos en clave de insólito, cuando en realidad, en el Paraguay siempre han existido guerrillas, y el territorio fronterizo tiene una historia de más de cien años de disputas territoriales entre campesinos, indígenas y terratenientes de procedencia diversa. Evidentemente, estos procesos son ignorados de forma deliberada. Aquí, la palabra “ideología” tiene un sentido peyorativo, casi auráticamente peligroso.
Las disputas territoriales no se reducen a la disputa por la tierra, estos conflictos también se tratan de una lucha por los sistemas de producción. Y puede parecer irrelevante, pero el sentido que construyen los medios de comunicación y el valor que se le asigna a cierto modo de estar y hacer invisibiliza la diferencia. Los campesinos paraguayos fueron vaciados de su ser agricultor, y ahora no sólo necesitan tierra, sino deben tener derecho a acceder a sistemas de producción, o quizás recuperar sistemas que les sirvan.
En los límites que dibuja la soja transgénica de Monsanto, acopiada por Cargil y ADM, hay que hacer memoria, y por lo menos nos queda la capacidad de indignarnos cuando vemos los conflictos de larga data traducidos a evento para el entretenimiento de los espectadores sobreestimulados por el morbo. He aquí que los medios de comunicación nos subestiman, y hablan de una supuesta ola de violencia en la frontera, que nunca llega, y que nos asfixia en la espera: Los megafónicos mapas del progreso que son la piel o la camisa de fuerza que habitamos.
¿Podemos gritar más fuerte que los medios de comunicación y la ingenuidad de quienes ignoran los cien años de subordinación de los campesinos paraguayos y que solicitan, como reverbero de los medios, la renuncia de Fernando Lugo, como si eso fuese a solucionar la cuestión?
            Neutralizar, azuzar y vilipendiar, estigmatizar, neutralizar e invisibilizar. ¿Para qué? ¿Para instalar en el centro de la escena los modos de ser y producir legítimos?: Cultivar la soja es la acción de irrumpir y producir desplazamientos.
            ¿Cómo no sentir lástima por quienes han fallecido, tanto campesinos como policías? Pero no hay que quedarse en la anécdota. Me pregunto: ¿Qué hacer cuando no se  puede recuperar de manera legal tierras adquiridas de manera ilegítima? Los paraguayos se han sorprendido a sí mismos al manifestarse en el “after office revolucionario”, porque son víctimas de los medios que insisten en representarlos como políticamente apáticos; pero los campesinos e indígenas han hecho caso omiso de esta representación clausurante, y siempre han insistido en ser reconocidos como ciudadanos, manifestándose y reclamando visibilidad.
            Claro que estamos dolidos. Pero aunque la violencia me cause repulsión, no puedo evitar con-miserarme, ponerme del lado de la miseria de aquél que ha sido burlado por tanto tiempo y que de pronto se hartó, y ponerme del lado de la tristeza de quienes han perdido a un ser querido que simplemente funcionaba para el Estado, y para otros poderes que él mismo ignoraba.
El cielo es negro-carpa, y dormimos en la intemperie.


Damián Cabrera
16 de junio de 2012

lunes, 11 de junio de 2012

COMO UN VIRUS

*Publicado en la edición Nº 20 de la revista/espacio de expresión cultural El tereré, de Minga Guazú, en febrero de 2012.


En la corteza de la célula se aloja un cuerpo extraño, un organismo que prolifera ahí, y escinde lo que aparecía completo y cerrado: Para que gane el amor querés que el virus abra una hendidura en la célula, y la mate con su cópula. La imagen de un espacio de presencias difuminadas que pulsan por corporizarse –como fantasmas que parpadean en su intento por hacerse carne- es arrojada como una de las representaciones que se hace de la escena fronteriza del Este, que en el curso de su historia, reciente tanto, ha sido atravesada por múltiples territorialidades y grupos sociales de procedencia diversa que la han elegido como hogar o como lugar de paso en su tránsito hacia dónde; y que en la última década ve una explosión en slow motion de subjetividades, ectoplasmas, que desean inscribirse en el espacio, y hacerse cuerpo; alojarse en la célula para sobrevivir, produciendo sentido, significando, para que el hogar elegido sea un hueco a la medida del que lo habita.
            Pero un espacio abierto a múltiples subjetividades, grupos sociales, naciones –una escena con mapas y territorialidades superpuestas- es susceptible de tensiones, porque, en sus intentos por consolidarse en la escena, los anhelos ajenos pueden chocar con los de uno, y cuando no es posible encontrar la coincidencia la tolerancia parece comprometida. Nadie quiere perder porque sacrificar el anhelo propio es convertirse en la célula que morirá bajo el acoso del virus que también quiere sobrevivir; por eso es un momento de amor y de destrucción, de rosa atacada por el gusano, de tejido entregado como alimento al huésped.
            Además, entre todos los programas existen relaciones de fuerza: Porque algunos actores con mayor poder de producción de sentido y de puesta en circulación del mismo tendrán mayores oportunidades para hacerse audibles y de instalar su voz.

“La cultura se politiza en la medida que la producción de sentido, las imágenes, los símbolos, íconos, conocimientos, unidades informativas, modas y sensibilidades, tienden a imponerse según cuáles son los actores hegemónicos en los medios que difunden estos elementos. La asimetría entre emisores y receptores en el intercambio simbólico se convierte en un problema político, de lucha por ocupar espacios de emisión/recepción, por constituirse en interlocutor visible y en voz audible” (Hopenhayn, 2000: 72).

            No siempre ocurre así, pero podría llegar a ser preocupante el que la capacidad de producción de sentido y su puesta en circulación esté supeditada a la producción económica; porque opinás que las reglas de juego del Mercado no son tan “amigables” como a veces se muestran. Cuando en una reunión para discutir la modificación de la malla curricular de la carrera de Letras de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional del Este la directora académica decía que “la educación debe responder a las necesidades del Mercado”, una profesora tuya, a la que le tenés mucha estima, le respondía que “la educación debería responder a las necesidades de la sociedad”. Puede parecer demasiado romántico, pero no deja de alimentar tu inquietud.


La lengua que hablo

            Estas pujas por la producción y puesta en circulación de los sentidos se hallan inscriptas en un entramado que se complejiza al contemplar la diversidad lingüística en la que se llevan a cabo; el escenario es polifónico, y podría hacer pifiar la voz única de una autoridad altisonante que opacara las demás voces; sin embargo, existen presencias autoritarias más audibles cuyos sentidos subordinan la producción de grupos subalternos.
            En ciertos campos semánticos, la conjunción poder económico, una determinada lengua, y la capacidad de agencia constituyen una nueva fuerza que aparece no sólo colonizando los otros sentidos sino como autoridad colonial de hecho.
            La dicotomía castellano/guaraní, en su relación diglósica, cobra otros matices frente a la presencia del portugués principalmente, y en menor medida frente a algunas lenguas indígenas y diversas lenguas de las colectividades de inmigrantes en el Alto Paraná.
            El portugués como lengua del coloniaje disloca los sentidos y consolida una ideología que se halla implícita no necesariamente en la lengua sino en el modo de hacer y estar de una Mayoría de sus hablantes –mayoría no en el sentido de cantidad sino en señal de su fuerza autoritaria-; en el habla cotidiana las señales de esta dislocación ofrecen oportunidades creativas –porque siempre ha habido mezclas, y la idea de “pureza”, de identidad previa impoluta es un constructo muy fácil de desestabilizar-, pero también construye relaciones subordinantes y hace que el hueco del hogar elegido sea habitable sólo de una manera, excluyendo otros modos de estar en el lugar.
            ¿Calificarlos como mejores o peores? ¿Cómo puede la tierra no ser suficiente para modos de hacer “poco productivos” en manos de poca gente y a su vez ser insuficiente para prácticas “altamente productivas” en manos, también, de poca gente?
            Vos creés que la “productividad” no puede ser el único criterio para tener derecho a ser en la tierra, y que “adaptarse” es elegir la posición pasiva de la célula que será muerta por el virus que la corroe.



Célula herida

            Se puede tratar de reubicar aquello que ha sido sacado de sitio, pero no siempre se puede; se abre la huella en la tierra y al tratar de encajar el pie en el hueco que él mismo ha hundido, éste no se acomoda, aparece, de pronto, deformado; el pie de la hermanastra no entra en el zapato, y le cortan el talón, que ya no es pie completo, ya no es el mismo, y derrama sangre por las comisuras del cristal.
            Las intervenciones que actores inscriptos en diversas subjetividades y pertenecientes a distintos grupos sociales llevan a cabo en el espacio que les ha tocado o han elegido vivir, el sentido que asignan y que construyen cada día, tienen una fuerte dimensión política; lo que en política es coyuntural, las dislocaciones que genera un cambio en política, tienen una ingerencia a su vez en lo político. Entendés la política como una de las escenas de lo político en la que se disputan poderes, y que pueden cambiar de un día para otro según la fuerza que tengan las presencias de autoridad en la puja; pero lo que se disloca en el ámbito de lo político, es la herida que no se puede cerrar.
            Pero, ¿y si se cierra? Entonces hay que picar con insistencia, porque el tejido a veces es diestro para regenerarse; y si se desaloja el virus, la cicatriz puede volverse imperceptible. Aunque vos sabés que el silencio del virus no es sólo signo de muerte, porque a veces entra en estado latente, y, por suerte, siempre puede despertar.






BIBLIOGRAFÍA


Hopenhayn, Martín. 2001. “¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura”, en Estudios Latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización. Daniel Mato (comp.). (Buenos Aires: CLACSO).

lunes, 23 de abril de 2012

Jerovia*



*Jerovia: Del guaraní, creer, dar fé. Texto publicado en la edición Nº 4 de la revista de Comunicación y Arte DEF-GHI, "Religiosidad y Secularización" de Rosario y Tucumán, en el dossier “Dos Siglos entre dos Siglos: Religión y Secularización en Paraguay, de la Colonia Española al Bicentenario, 1811-2011”, curado por Alfredo Grieco y Bavio.



La Unicidad del desierto era como un sueño que no deja dormir
y del cual no es posible despertar”.

Pier Paolo Pasolini, Teorema



Una segunda persona. Su voz es la del consejo, la prescripción, también la advertencia, pero una voz intimidatoria también. Con esta herencia esbozás el contorno de una aflicción apremiante: la presencia subsistente de un resto que te constriñe.
El camino se abre y no hay un lado y otro del camino porque el paisaje es cambiante y andás, como dice O Rappa, “em busca de um desafio poderoso por um instante”. Pensás en formas y formas de caminar, porque debe ser muy distinto el andar del peregrino del andar del migrante –o del fugitivo-, pero no estás seguro. Che cheguata va’ekue (Yo era muy caminador), te dice tu abuelo. Entonces, puede que sea hereditario.
Ésta es la relación de una violencia disimulada; y la segunda persona también disimula algo, o sea, a otro: un yo agazapado[1].



Oñepyrũ: el titubeante horizonte del sacerdocio y la prematura actividad sexual forcejeando: Ambas ocupaciones, dice la doctrina, incompatibles. Por ahí va, más al fondo. Por delante y por detrás. Una segunda persona.
Dios te mira, se lee en el baño del colegio salesiano. Dios te mira más intensamente, disuadiendo impulsos, impulsando tus repliegues. ¿Sentir empatía por el personaje de la película que tiene una epifanía y se entrega al goce? No. Intuir la presencia de una vigilancia constante que retrae la posibilidad.
Hay una segunda persona castradora: Vigila tu masturbación y los signos de tu vicio contra natura. Pero no sólo eso. Cuando tu pasión religiosa deviene agnosticismo, la huella de la culpa –un kusugue- inaugura un rebelarse tímido e ingenuo, pero que cobra potencia; con eso que Vattimo reconoce como “el descubrimiento de una clave interpretativa”[2], como un filtro personal de lectura, pero también de creación.
Así empieza a desenrollarse el camino. “Me sentía como una mota de polvo sobre la superficie triste de la tierra”[3]; el polvo de aquí, cuando se moja, sangra. Esta ficción –decís ficción, pero no en el tono de una militancia, sino para referirte a lo que se hace solapado en los pliegues de una cuestión- antes que mostrarse como detalle de la diferencia, coincide con lo que se hace en otros lugares, en otra fecha, aunque en su parecerse se vele lo endémico, o como quiera llamársele.
Llegás a la plaza. Desprendés la mirada de la estatua. Por veces, pensás, pareciera que las imágenes protagonizan una forma de polución que excede la frontera de lo visual; Javier Zacarías Irún y Sandra McLeod de Zacarías empapelaron el departamento con sus fotografías y mensajes de buenos deseos, pero la celebración del nombre Pa’i Coronel[4], reivindicando una memoria construida, extrapola múltiples campos, y debilita cualquier crítica de su biografía reciente tanto.
De entrecasa: El párroco, el padre Néstor González, cumple años. La celebración constituye no sólo una preliminar para el Día de María Auxiliadora, la patrona del Agro del Alto Paraná (el 24 de mayo, asueto departamental), sino que es marco para una muestra de subordinación: La clase política de Minga desfila ante el pa’i González. Un apretón de manos. La comilona es interrumpida por discursos empapados en anécdotas y adulaciones; la validación del cura no carece de importancia en fechas eleccionarias; así también, muchas políticas municipales estarán sujetas a su venia.
Querés decir: Aquí, la religión ha constituido uno de los artefactos, como forma de circunscribir posibilidades; opinás que ésta se ciñe en gran proporción a la vigilancia de los bienes económicos, pero así estás menguando su alcance.
            Andar en una dirección, o circunvalar un lugar. A veces caminás sin un propósito determinado, o sea, caminás por el gusto de caminar y nada más. Ahora miráte. Mirar la sexualidad sin tanto ruborizarse, aunque sea “bajo los golpes, quizá también providenciales, de la difusión de la pornografía”[5] en la cotidianeidad, o a la emergencia de los debates en la esfera pública, con acciones políticas en relación al género y al cuerpo; allí también, la religión tiene su mediación también.
            (Vattimo tiene una hipótesis con respecto a la relación entre la sexualidad en la vida individual y social en el proceso de secularización:

No sólo, o principalmente, en cuanto que, con el debilitarse de la moral religiosa tradicional, el sexo deviene más libre, sino, sobre todo, en cuanto que tiende a perder aquel aura sagrada –paraíso e infierno del burgués del siglo XIX- que ha conservado también en el psicoanálisis[6].)
           
En la mañana naranja, vos hacés un recorrido paralelo al de la Marcha por la Familia y por la Vida. Niños y adolescentes marchan con sus globos y remeras anaranjadas en las inmediaciones del Lago de la República y el opulento barrio Boquerón coreando el lema “queremos mamá y papá”; reclamando la prohibición del aborto, del matrimonio igualitario y de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Vos te tocás: ¿Dónde tiene un cuerpo su frontera?, te preguntás. Reza la frase consabida que mi derecho termina donde comienza el derecho del otro, o mi libertad termina donde comienza la libertad del otro. Pero, quizás la defensa de algunos derechos, que se convienen universales, sea ciega a tal punto que se clausura la posibilidad de discutir si los mismos son consensuados, sacralizándolos de forma autoritaria.
            (Beatriz Preciado dice que “es absurdo tener como objetivo conseguir el matrimonio GLTB, frente a las complejidades de las configuraciones postcoloniales, del sexo, y raza. Es preciso atacar esa ficción del matrimonio desde otro lugar que no sea la legalidad”[7]. Creés, sin embargo, que en este lugar, en esta fecha, la asunción de una posición política, en un reducido abanico de posibilidades, podría constituir, de cierto modo, un mojón.)
            En los colegios religiosos, pero también en los públicos, funciona una poderosa maquinaria de vigilancia; sos testigo del infringir temor hacia esa vigilancia, una violencia que juega enmascarada en la moral cristiana.
Aquí, ideología tiene un sentido peyorativo, casi auráticamente peligroso. Cuando dicen “ideología de género”, lo que hacen es neutralizar, desactivar el incendio; las conferencias y manifestaciones de los sectores conservadores alcanzan de refilón al feminismo. El camino de pronto se nubla con paredones de polvo.
            Recordarás: En 2006, el monseñor Livieres presidió la bienvenida al memorable primer día de clase en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional del Este. Qué tiene que decir un papa en la universidad, se pregunta Benedicto XVI. ¿Qué tiene que decir el monseñor Livieres?, te preguntás. Quizás no más de lo que pueda decir en una iglesia, si su intervención se limita a la bendición.
Hasta hace un par de años, las ceremonias de graduación de las diversas carreras de la UNE se realizaban en la Catedral Metropolitana de Ciudad del Este, precedidas de una misa que, aún hoy, a pesar de que las colaciones se realicen en el campus, se siguen oficiando cada año en honor a los colandos[8].
Has dicho: Aquí por veces la moral cristiana es el “artefacto”. A pesar de que el universo local es bastante plural. El discurso cultural autoritario en Paraguay ha buscado resolver las complejidades  que se hacen al interior de las fronteras reduciéndolas; como es el caso del argumento nacionalista que restringe la cultura paraguaya a la fusión entre españoles y guaraníes. Ticio Escobar dice al respecto: 

Paradójicamente, tal concepto termina ignorando que existen –aparte de ciertas comunidades rurales que pueden ser consideradas las únicas herederas de la transculturación colonial- diferentes minorías suburbanas, que, culturalmente, poco deben a tal origen, así como diversos grupos indígenas y una constelación de subculturas de inmigrantes y comunidades religiosas diseminadas por todo el país cuyos imaginarios entran en continuas interacciones conformando reticulados híbridos e inestables y un maremágnum confuso de identidades[9].

El terreno es de disputas: el fenómeno creciente de las iglesias evangélicas (en gran medida de origen brasileño) y su poder mediático matiza las discusiones en torno a cuestiones cuyo territorio diversos sectores se atribuyen como propio; y un movimiento de apóstatas aparece en escena. Aún así, es posible visibilizar creencias y creaciones que se hacen al margen, desde un universo simbólico que podría configurar una forma de resistencia, aunque ésta no fuere deliberada.
(Eventualmente, el perjurio ha sido para algunos una estrategia de salvamento; de cierto modo, negar tu ateísmo también te ha permitido sobrevivir.)
Una mirada a la asunción de Fernando Lugo[10] a la presidencia de la república tampoco podría desvincularse de las relaciones de poder entre las creencias cristianas y el Estado en Paraguay; no se puede ignorar que algunos electores simpatizaban con su origen eclesiástico.
            En la inminencia del bicentenario de la independencia paraguaya, algunos han querido abrir el debate alrededor de lo que es el “ser paraguayo” –pregunta que dada su complejidad no creés que pueda responderse-. Pero aparece uno de los tentáculos de nuestra clausurante ficción de identidad: No sólo la moral católica en Paraguay sino el culto católico, expresado en la forma de la religiosidad popular[11].
Stuart Hall relata que “las culturas nacionales son distintamente una forma moderna”[12], ya que las categorías que identificaban a las personas y las colectividades, como la religión, fueron gradualmente transferidas a la cultura nacional, en las sociedades occidentales. Para Bartomeu Melià, “en Paraguay lo que más se acercaría a una ceremonia ritual verdaderamente comunitaria es la peregrinación a Caacupé, el 8 de diciembre. Pero no es el ideal de todos y todas, aunque expresa simbólicamente para una gran mayoría conductas igualitarias y cooperativas”[13]. Otra vez la marcha.



Decís: El contorno es contingente. Anacronismo, en un sentido –si se puede- imparcial, podría expresar la coexistencia de tiempos en un mismo espacio. Aún así, te permitís juzgar.
En esta especificidad, la intervención de la religión en la escena democrática sigue subordinando subjetividades. Las intervenciones que se dan en el plano político, al igual que en el plano evangélico, tienen sus consecuencias en lo económico y cultural (como las formas de representación tanto en comunidades rurales e indígenas, como en la vida urbana) incluso para quienes no son creyentes.
Benedict Anderson afirma que la nacionalidad y el nacionalismo “son artefactos culturales de una clase particular”[14]. Y en Paraguay, hay quienes quieren hacer aparecer el cristianismo como el catalizador de un sentir nacional[15].
Tu sujeto postcristiano paraguayo camina y trata de ver a través de la opacidad que se despliega en su ruta. Por veces, entrevé los solapamientos, recortando las perspectivas de su cuerpo. Tu propio cuerpo partido.



Damián Cabrera
Minga Guazú, enero de 2011










[1] Decir el conjuro, hablarlo en su tono, te permite creer que algo se puede hacer aparecer, es tu forma de pensamiento mágico.
[2] Gianni Vattimo, “Paréntesis: La cuestión moral”, en Creer que se cree. Paidós. 1ª edición argentina, 1996. p. 90
[3] Jack Kerouac, En el camino. Anagrama. Trad. Martín Lendínez. España, 2007. p. 215
[4] Fundador de la Colonia Puerto Presidente Stroessner, hoy Minga Guazú, y co-fundador de la Cooperativa Minga Guazú, hoy ya disuelta, con la que la comunidad disputa espacios públicos de hecho. Su estrecha amistad con el desaparecido dictador es de público conocimiento.
[5] Gianni Vattimo, op. cit. p. 65.
[6] Gianni, Vattimo, op. cit. p.66
[7] Leonor Silvestri, en “Las políticas del sexo y del deseo”. Entrevista con Beatriz Preciado. Revista de Cultura Ñ. N° 351. 2010. pp. 10-11.
[8] La Constitución Nacional reza en el Artículo 24, De la libertad religiosa y la ideológica: “Quedan reconocidas la libertad religiosa, la de culto y la ideológica, sin más limitaciones que las establecidas en esta Constitución y en la ley. Ninguna confesión tendrá carácter oficial. Las relaciones del Estado con la iglesia católica se basan en la independencia, cooperación y autonomía. Se garantizan la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las impuestas en esta Constitución y las leyes. Nadie puede ser molestado, indagado u obligado a declarar por causa de sus creencias o de su ideología”.
[9] Ticio Escobar. “Cuatro puntos sobre la transición cultural”, en Textos varios sobre cultura, transición y modernidad. Agencia Española de Cooperación Internacional/Centro Cultural Español Juan de Salazar. Paraguay, 1992. p. 65
[10] El presidente paraguayo afirmó adscribir a la Teología de la Liberación.
[11] Aunque ésta sea el fruto de un profundo sincretismo indígena-cristiano e incluso pagano.
[12] Stuart Hall, Identidade cultural. Coleção Memo, Ensaio/Ficção. Fundação Memorial da América Latina. Brasil, 1997. p. 54. Traducción del autor.
[13] Bartomeu Melià, “El crepúsculo del Paraguay” en El Paraguay inventado. Centro de Estudios Paraguayos “Antonio Guash”. Paraguay, 1997. p.105.
[14] Benedict Anderson. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Trad. Eduardo L. Suárez. Fondo de Cultura Económica. México. p. 91
[15] Tal parece ser el caso del vicepresidente Federico Franco.